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Estados Unidos y su déficit de crudo

March 6, 2011

El Presidente Barack Obama viene de otorgar el primer permiso para perforaciones petroleras en aguas profundas de su país. Ello nueve meses después del mayor desastre medioambiental de la historia de Estados Unidos.  El 20 de abril de 2010 una explosión sacudió la estructura metálica destinada a liberar el crudo de los fondos marinos. Dos días tras la explosión una  de las obras más avanzadas de la ingeniería industrial desaparecía bajo las aguas en un accidente que costó la vida a once trabajadores. Hasta ese momento con típica arrogancia British Petroleum (BP),  la empresa responsable de la explotación de la malograda plataforma se jactaba de su capacidad para controlar cualquier imprevisto. 

 Los hechos mostraron una realidad muy distinta. A tal punto que Obama  calificó el estallido de la plataforma  como un “11 de septiembre ecológico”. Los casi cinco millones de barriles de petróleo vertidos al océano causaron un daño formidable  a la región que vio paralizada sus principales actividades productivas.  Según las estimaciones BP deberá desembolsar unos cuarenta mil millones de dólares por concepto de indemnizaciones.

Hay quienes se preguntan sobre la oportunidad del anuncio de la Casa Blanca de otorgar un permiso para taladrar en aguas profundas. Algunos analistas estiman que ello está muy ligado  con lo que ocurre en el Medio Oriente y el norte de Africa. La mera posibilidad de una escasez de petróleo  da escalofríos a las autoridades estadounidenses.  La haya o no, la mera especulación hace que los precios se disparen al alza. De hecho el barril de petróleo se ha mantenido, con variaciones,  sobre los cien dólares. La señal de la reanudación de faenas a más de 500 metros bajo el agua, a partir de esta profundidad se requiere de permisos especiales, busca poner a Obama a resguardo de las críticas en caso que falte el combustible en Estados Unidos. Por otra parte el mandatario es cauto pues ha autorizado las operaciones de una plataforma que ya operaba. La definición mayor tendrá lugar cuando autorice o no el desarrollo de nuevos pozos.  Así el gobernante está en una difícil disyuntiva: mantener las restricciones a las explotaciones en aguas profundas para impedir la probabilidad de nuevos desastres. Pero se arriesga a que el lobby petrolero le enrostre sacrificar parte de la autonomía energética. Con ello queda más expuesto a los vaivenes de ocasionados por las turbulencias en el mundo árabe.

En la actualidad Estados Unidos importa alrededor de dos tercios del petróleo. El país alcanzó su pico de máxima producción en 1971.  Desde entonces cada mandatario ha prometido acabar con la “adicción petrolera”.  Pero lejos de mermar el consumo este no ha hecho más subir con cada  gobernante. Chile, por su parte,  tuvo su punto más alto de explotación petrolera en 1982 y la demanda aumenta. La parálisis de las sucesivas autoridades augura momentos difíciles.

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