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La batalla de Libia

March 11, 2011

La rebelión contra el régimen del coronel Muamar Gadafi presenta un cuadro único. En la nación árabe se advierte un quiebre tribal y regional. Cirenaica, al este del país con centro en la ciudad de Bengazi es el bastión de los insurrectos. En Trípoli, la capital del país en el Oeste, Gadafi todavía goza de apoyo. Los alzados subrayan que no tiene afanes separatistas pero que 42 años de dictadura son demasiados. Los gobiernos de fuerza, al aplastar toda disidencia, impiden tener una idea de la gravitación y perfil de las corrientes políticas subterráneas. Entre los rebeldes se cuentan ciudadanos de clase media que buscan mayor libertad, islamistas que aspiran a una mayor disciplina religiosa, grupos étnicos como el berber y clanes cuyas alianzas mutan con la velocidad de las tormentas de arena.
La información sobre lo que ocurre en Libia es fragmentada y poco confiable. Las palabras delirantes de Gadafi señalando que es querido por su pueblo y que no había manifestaciones en su contra le han restado toda credibilidad a su gobierno. Pero las denuncias de bombardeos aéreos contra civiles e incluso la amenaza de un genocidio no son respaldadas por evidencias concretas. Basta con remontarse a campañas bélicas recientes, como las llevadas contra Saddam Husein en Irak o contra Slobodan Milosevic en Yugoslavia, para constatar gruesas exageraciones que formaban parte de una bien estudiada campaña de propaganda para ganar el apoyo de la opinión pública.
Estados Unidos y Gran Bretaña ya han declarado que no consideran aceptable la continuidad del gobierno de Gadafi. Washington ha dejado trascender que está dispuesto a armar a los rebeldes. Londres ya inició la infiltración del país a través de fuerzas especiales, los SAS. Una vez más las potencias occidentales actúan con temeridad y amenazan con echar bencina al fuego.
Hasta ahora, por lo que se puede apreciar a la distancia, aún hay espacio para una solución negociada. En primer lugar el choque entre los bandos rivales no ha sido frontal. Más bien se han observado escaramuzas antes que batallas a gran escala. Ambos bandos han sido escrupulosos en no dañar la infraestructura productiva del país. Los ductos de petróleo y gas así como las refinerías están intactas por el momento. Ello significa que hasta ahora ninguna de las partes ha perdido la esperanza de algún arreglo. Y si este tiene lugar luego lamentarían la destrucción que es característica de las guerras civiles fratricidas. Mientras exista alguna esperanza de una salida negociada la comunidad internacional debe abstenerse de una intervención bélica.

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