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Desastre atómico en Japón

March 14, 2011

Desastre nuclear en Japón.

La caja de contención del reactor nuclear de la planta  Fukushima 1 voló por los aires. El hecho ocurrió el 12 de marzo, un día después del descomunal terremoto, grado 9,1,  que sacudió la costa  noreste de Japón. Luego la región sufrió el embate de un enorme tsunami. Ambos hechos se combinaron para paralizar once de los 55 reactores núcleo-eléctricos que operan en el país. A las pocas horas del violento sacudón y la salida del mar emergieron los  primeros indicios que algo grave ocurría en el complejo atómico de Fukushima. Inicialmente las autoridades decretaron un perímetro de seguridad de tres kilómetros con la evacuación de la población de la zona. Poco después el área fue ampliada a diez kilómetros y luego a 20. Las autoridades advirtieron que tenían dificultades para enfriar el reactor y que liberarían vapor radioactivo desde el interior del edificio de contención. Las lecturas de radioactividad en la planta marcaban un agudo aumento. Los esfuerzos de los técnicos resultaron infructuosos y se produjo una formidable explosión.

Lo ocurrido es un ejemplo de texto de cómo ocurren los desastres. Cada reactor dispone de un sistema de enfriamiento. Si este falla disponen de sistemas eléctricos operados con generadores diesel. Y si la emergencia persiste pueden recurrir a baterías. Lo ocurrido en Fukushima fue una concatenación de circunstancias adversas. Primero, los violentos sacudones  provocaron el cierre automático de las plantas precisamente para evitar daños mayores. Pero también resultaron afectados los generadores diesel que debían alimentar los sistemas de enfriamiento. Así se llegó a la última línea que son las baterías que, como todo el mundo sabe, tienen una capacidad limitada de operación. Ellas fueron insuficientes para dar la energía requerida y la temperatura del reactor aumentó. Se desconoce cuál fue la causa exacta de la explosión pero se presume que fue una acumulación de hidrogeno. En su desesperación los técnicos decidieron emplear agua de mar para enfriar el reactor. Las aguas salinas y corrosivas marcan el fin del reactor.

Habrá que esperar algunos días para conocer el alcance preciso de un desastre que aún está en desarrollo. La distribución de píldoras de yodo entre la población de la zona afectada es ya una mala señal. En todo caso, como es habitual, a lo largo de toda la emergencia las autoridades han buscado minimizar la gravedad lo ocurrido. Incluso al aludir al estado de “emergencia nuclear” se señaló que ello se hacía por mero protocolo, pues así lo exigían las regulaciones. Es evidente ahora que se trata de una emergencia de grandes proporciones. Los técnicos nipones han calificado la situación como grado cuatro de siete en la escala INES (International Nuclear Event Scale). Grado cuatro significa accidente mayor pero excluye peligro fuera de la planta afectada. Los próximos días permitirán aquilatar el grado real de lo ocurrido.

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