Home > América Latina, Perú > Perú: la victoria de las enfermedades terminales

Perú: la victoria de las enfermedades terminales

April 14, 2011

Según Mario Vargas Llosa, el premio Nobel de literatura reinante, la primera ronda electoral en el Perú las ganó el cáncer y el sida. En las palabras del eximio escritor: “No creo que mis compatriotas vayan a ser tan insensatos de ponernos en la disyuntiva de elegir entre el sida y el cáncer terminal, que es lo que serían Humala y Keiko Fujimori”.  Las descalificaciones para la hija de Alberto Fujimori van desde que es una marioneta de su padre, cuyo primer objetivo es sacarlo de la cárcel donde cumple condena por abusos a los derechos humanos y corrupción,  a que es  una mujer sin experiencia en la conducción de los asuntos de estado. Pero la artillería pesada está reservada para el etno-cacerista Ollanta Humala. A él se le imputa ser un populista, con tintes marxistas, que busca  un rol creciente  para el estado, aspira a cobrar mayores impuestos a la gran minería y a administrar una mayor redistribución de la riqueza.

¿Cómo explicarse que el grueso de los peruanos hoy  dé la espalda a un modelo económico que ha garantizado un crecimiento de niveles casi  asiáticos? El producto interno bruto del país ha progresado a razón de más siete por ciento durante el último quinquenio. La mitad de la población vivía en la pobreza y ahora, según las estadísticas oficiales,  es solo un tercio el que se debate en esta condición.  Bueno, como se ha dicho tantas veces en Chile: a la economía  le va bien pero al pueblo le va mal.  De qué otra forma se puede interpretar que 17,9 por ciento de los niños peruanos menores de cinco años sufran problemas de desnutrición, esto es 529 mil criaturas que no reciben el alimento indispensable para su crecimiento. La mitad de los menores de tres años padecen de anemia. Esta condición, de falta de hierro en la sangre (glóbulos rojos) en edades tempranas deja secuelas irreversibles para el crecimiento y la capacidad de aprendizaje.

El emblema del modelo económico del último quinquenio es el actual Presidente Alán García que concluyó su mandato con un magrísimo  27 por ciento de aprobación en las encuestas. El rechazo a su gestión alcanzó al 67 por ciento. Los comicios refrendaron la impopularidad de García pues su partido, el APRA, obtuvo  apenas cuatro parlamentarios  en un Congreso de 130 miembros.  El APRA intuyó el ánimo político adverso al no presentar un candidato presidencial propio. La distancia entre la retórica de justicia social y la política neoliberal del gobierno fue de tal magnitud que el grueso de la ciudadanía optó por repudiarlo. Pero en este proceso no sólo resultó dañado el APRA sino que el conjunto de los partidos políticos peruanos. La credibilidad de la clase política se encuentra así en cotas ínfimas.  A medida que ello ocurre progresan los líderes que avanzan un discurso contra el sistema imperante.  Y este es el sayo que tan bien sirvió a Humala en la primera vuelta.

Pero ahora, en la segunda rueda que tendrá lugar el 5 de junio,  Humala requiere sumar fuerzas y ha iniciado su giro al centro. No solo ya ha cambiado su vestimenta de la polera roja de las elecciones pasadas al terno y corbata. Ha dicho que reformará la Constitución pero que se compromete a gobernar solo por cinco años de mandato  y “ni un día más”. Ha prometido la nacionalización de actividades económicas estratégicas pero no ha dicho cuáles son. Ha señalado que no permitirá que los medios de comunicación marquen la pauta del pueblo peruano. Algo muy comprensible si se considera la ideología de la propiedad de la mayoría de dichos medios. Pero ha reiterado que respetará la libertad de prensa.  También ya busca apaciguar las inquietudes de Washington al señalar que busca “afianzar y fortalecer” las relaciones con Estados Unidos.  Su mensaje para el empresariado es un modelo de mesura: “No planteamos una salida del modelo económico…Vamos a mejorar las condiciones de inversión y resolver la inestabilidad social a través del diálogo”. Está por verse si sus palabras cumplirán con el cometido de darle el 50 por ciento más uno de los votos. Pero, por lo pronto, sus posibilidades cruzarse la banda presidencial son buenas. Perú, en los hechos, sigue el camino electoral de la mayoría de Sudamérica. Brasil, Ecuador, Bolivia, Argentina, Paraguay, Uruguay y Venezuela tienen gobiernos con diversos tintes izquierdistas.

Advertisements
%d bloggers like this: