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Perú: los enigmas de Ollanta Humala

April 16, 2011

Ollanta Humala, el vencedor de la primera rueda electoral en las elecciones presidenciales  peruanas, se apresta a caminar por la cuerda floja. De una parte debe mantener las promesas de cambio que le dieron casi un tercio de los votos. Pero de otra debe calmar los temores de los votantes que espera ganar para obtener la mayoría. Está a la vista que dos campañas presidenciales han enseñado a Humala el arte de la ambigüedad. Consultado sobre donde se situaba en el espectro ideológico respondió: “No soy de izquierda ni de derecha. En todo caso, soy de abajo”.

En política se suele decir que una semana es una eternidad.  Y desde la primera vuelta al 5 de junio, cuando los peruanos definirán quien los presidirá por el próximo quinquenio, mucha agua correrá bajo los puentes de los ríos del país. No cabe mencionar al Rimac pues su flujo es mezquino. Humala tiene la ventaja de tener el discurso más nítido al que aspiran todos los políticos: proclamarse los campeones del cambio. Su narrativa es la de la justicia social, la inclusión y la defensa de los intereses nacionales. Incluso un candidato experimentado y lucido como Pedro Pablo Kuczynski, que aunque fue de menos a más en la campaña,  no logró el 20 por ciento de las preferencias. Un candidato de la elite económica, educado en las mejores universidades anglosajonas y con una considerable fortuna, tenía pocas chances en un país donde la gran mayoría de la población es la más pura expresión de la América morena. Recuerda al Presidente  Gonzalo Sánchez de Lozada, en Bolivia (2002-2003), que pese a su hábil gestión económica terminó ahuyentado del país por masivas protestas sociales.

Perú ha tenido un envidiable crecimiento económico: más de 7 por ciento en anual en el curso del último quinquenio. Pero la acumulación de riquezas no interesa a las grandes mayorías, lo que les concierne es como habrá de  beneficiarle. El país pese a sus éxitos mantiene una formidable brecha social, geográfica con una región austral empobrecida y una marcada discriminación étnica. Los aplausos que ha cosechado el Presidente Alán García en los círculos empresariales no son replicados por las encuestas nacionales que le otorgan apenas 27 por ciento de aprobación y, en cambio, obtiene  un 67 por ciento de rechazo

 En lo que toca a Keiko Fujimori tiene a su haber la posibilidad de liderar una amplia alianza contra Humala. Pero ello debilitaría sus chances de enarbolar las banderas de los descontentos que son la mayoría. Pesa además sobre ella la sospecha que será controlada por su padre. Y que una vez que llegue al sillón presidencial lo amnistiará junto a otros de sus colaboradores. Así Keiko, con escasa experiencia política, debe manejar un complejo cuadro de expectativas contradictorias. La tarea de Ollanta no es más fácil. El debe despintarse la reciente imagen de que es un lobo con piel de oveja o, si se prefiere,  que cambio la polera roja por un terno. Como siempre en los procesos electorales la victoria irá a manos de quien cometa menos errores, inducidos o no, y que pueda encarnar las aspiraciones de sus compatriotas.

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