Home > Uncategorized > Fukushima: más incertidumbres que certezas.

Fukushima: más incertidumbres que certezas.

April 21, 2011

El gobierno japonés, finalmente, reconoció que el desastre de Fukushima alcanzaba el nivel siete. Es el más alto de la escala internacional que clasifica los accidentes en instalaciones atómicas. La definición del grado siete es: “Accidente mayor con impacto fuera de la planta”. Eso ya fue evidente muy poco después de las explosiones que sacudieron a varios de los reactores.   Pero las autoridades al hacer el reconocimiento dijeron que era producto de nuevas estadísticas sobre escapes de radiación y no porque hubiera en empeoramiento de la situación. Agregaron además que la radiación liberada era “apenas” diez por ciento de la experimentada en Chernobil, en Ucrania en 1986.  En todo caso un ejecutivo de Tepco, la empresa responsable de la siniestrada planta, admitió en privado que: “Nuestra preocupación es que el nivel de las filtraciones podría, eventualmente, alcanzar al de Chernobil o superarlo”.

Voceros de la Tepco señalaron que tomará a los menos nueve meses  lograr el pleno control sobre  los reactores de Fukushima. Esto es restablecer los sistemas de enfriamiento y asegurar el cese de  las emisiones radioactivas. Es lo que en el ámbito industrial llaman el “cierre frío”.  Pero el desmantelamiento y  limpieza  de la planta y sus alrededores podría tardar  entre diez y 30 años. Según expertos de la empresa Hitachi se requieren tres décadas en devolver la región  a su condición de “campo verde”, que consiste en reducir  a niveles tolerables la radioactividad.  Japón es inexperto en la dificultosa y carísima de sacar de servicio reactores para desmantelarlos. Según algunas estimaciones este trabajo puede resultar tan caro como la propia construcción de las plantas. Por el momento se ignora el estado exacto de los reactores dañados y cuando los trabajadores podrán volver a ellos sin riesgos. Un robot enviado a medir la radioactividad estableció que aún son demasiado altos. Todavía reina la duda sobre que es preferible: enterrarlos en un sarcófago de plomo y concreto, como se hizo en Chernobil, en 1986, o desmantelar  los tres reactores que fueron enfriados con  corrosiva agua de mar. Estos están inutilizados en forma definitiva y es casi seguro que los dos restantes también deban ser dados de baja.

¿Podrá Tepco indemnizar en forma adecuada a decenas de miles de personas que quizás por años no podrán volver a sus pagos y actividades normales? Por lo pronto la empresa ha anunciado una compensación de doce mil dólares a cada familia desplazada. Pero ese monto es apenas un pago inicial. La compañía, por su parte, ha sufrido la considerable pérdida de sus seis reactores con el  ingreso que correspondía al tres por ciento de la electricidad consumida en Japón. En Tokio abundan los rumores que, tarde o temprano, Tepco será estatizada pues no será capaz de enfrentar sus compromisos económicos. Entonces surge la interrogante: cuál es la ética comercial de permitir la operación  de empresas que al llegar a una situación crítica, por la vía de accidente, no serán capaces de responder por los daños causados.

Advertisements
%d bloggers like this: