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Las guerras del petróleo.

May 8, 2011

¿Petróleo? ¿Qué petróleo? Cuanto más aguda es la pugna por  las reservas petroleras más se niega que esa sea la motivación para atacar a países productores. Hoy es el turno de Libia que es bombardeada en nombre de principios humanitarios. Estados Unidos y sus aliados han librado dos guerras recientes para asegurarse que no les faltará el crudo, ambas contra Irak (1991 y 2003), invocando principios superiores, como la protección de la soberanía de Kuwait o la lucha contra las armas de destrucción masiva Jamás  admitieron que la motivación era una y simple: asegurar el flujo de la sustancia que mueve  sus sociedades.  Alan Greenspan, que presidió la Reserva Federal de Estados Unidos, reconoció en forma llana en  su libro The Age of Turbulence: “Me apena que sea políticamente inconveniente reconocer lo que todo el mundo sabe: que la guerra de Irak es en gran medida por el petróleo”. Greenspan hizo además las siguientes predicciones: “El mundo, en el próximo cuarto de siglo, crecerá a tasas proporcionales a las experimentadas en el último cuarto de siglo y requerirá dos quintos más de petróleo que el empleado en la actualidad”. La seriedad del asunto fue subrayada por  Henry Kissinger: “La demanda y la competencia por el acceso a la energía pueden convertirse en una fuente de vida o de muerte para muchas sociedades”.

Ahora acaban de salir a la luz documentos secretos que revelan como el gobierno británico y empresas petroleras,  como British Petroleum (BP) y Shell, planificaban apoderarse del crudo iraquí antes de la invasión en 2003.   Luego de una reunión, en octubre de 2002,  Edward Chaplin, el encargado del Medio Oriente de la cancillería británica, escribió: “Shell y BP  no pueden permitirse no tener una participación (en Irak) para sus perspectivas de largo plazo…Estamos decididos a lograr una participación considerable para las compañías del Reino Unido en un Irak post-Saddam”. Más tarde el mismo ministerio  invitó a BP a  para discutir las oportunidades que se abrirían en luego del “cambio de régimen”. En las actas de la reunión del 6 de noviembre de 2002  se lee: “Irak es la  gran oportunidad  petrolera. BP está desesperada por estar allí y teme que arreglos políticos le veden oportunidades”. Mientras en  público BP insistía: “Nosotros no tenemos intereses estratégicos en Irak. Quien sea que llegue al poder requiere de una participación occidental en la post guerra, si es que habrá una guerra,  y todo lo que siempre hemos dicho es que debe haber un campo de juego parejo. Ciertamente nosotros no estamos empujando por involucrarnos”.  En privado el BP clamaba ante el  ministerio de Relaciones Exteriores, que “Irak es más importante  que mucho que de lo que hemos visto en los últimos tiempos”. La empresa señaló al gobierno que estaba dispuesta a asumir “grandes riesgos” para quedarse con una parte de las reservas. Y lo consiguieron. Los contratos por dos décadas firmados luego de la invasión son los mayores de la historia de la industria petrolera. BP  obtuvo una porción sustantiva de la mitad de  las reservas del país en especial de los pozos australes de Rumaila. Irak viene de aumentar su producción de crudo a 2,7 millones de barriles diarios. Algo muy conveniente en las imprevisibles circunstancias que vive Libia.

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