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El mundo después de bin Laden.

May 11, 2011

Estados Unidos cobró su venganza frente  al hombre más buscado. Tardó diez años en localizarlo. Al dar con bin Laden  encontraron a un enemigo que  ya no constituía  un peligro operativo para Washington.  El líder de  Al Qaeda ya era un símbolo, un gallardete de la organización yihadista,  que para poder sobrevivir optó por recluirse sin contacto directo con sus huestes en franca declinación. Pese a ello la mera existencia de Osama era un reto al poderío norteamericano y en especial de sus servicios de inteligencia.  Cada día sin ubicarlo demostraba la inoperancia de una superpotencia dotada de cientos de satélites espías, sofisticados  sistemas de intercepción de comunicaciones  y una enorme red de agentes e informantes. A fin de cuentas Washington dispone de 18 de agencias destinadas a la recolección de inteligencia que gastan casi tanto como sus pares del resto del mundo.

El Presidente Barack Obama puede afirmar que la venganza,  en este caso no cabe hablar de justicia pues no hubo debido proceso, tarda pero llega. El largo brazo de la CIA y el Pentágono alcanzaron a un hombre que inauguró un nuevo tipo de táctica de combate terrorista. Al Qaeda llevó a nuevas alturas lo que se ha llamado el terrorismo catastrofista. Aquel que busca causar la mayor destrucción indiscriminada.  El ataque contra las Torres Gemelas causó tres mil muertes de civiles desarmados. El atentado con aviones secuestrados tuvo lugar en Nueva York. Hasta entonces las metrópolis imperiales no solían ser blancos de este tipo de embates. En su momento se habló de la “muerte de las distancias”. El campo de batalla se tornaba planetario.  Otro factor característico del  yihadismo es su vocación suicida o como prefieren llamarlo sus protagonistas su opción por el martirio. Finalmente, un elemento central de la efectividad yihadista, para eludir las represalias, es su dispersión  y autonomía  frente a los estados.

Luego de los atentados del 11-S-2001 y dadas  las características de Al Qaeda el Presidente George W Bush declaró la “guerra al terrorismo”. Esto fue un sin sentido. No es posible declarar una guerra a un método de combate. En todo caso cabía hablar de una campaña contra el yihadismo.  A lo largo de la última  década ha quedado de manifiesto que los  fanáticos  religiosos yihadistas tienen  una capacidad operativa bastante limitada. A no dudarlo  aún pueden causar atentados. Pero las revueltas en curso en el mundo árabe muestran que la gran masa del mundo islámico busca mayores libertades antes que la opresión intolerante de tiranías  religiosas.

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