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Chile y Bolivia: vuelta al diálogo de sordos.

June 6, 2011

El ministro de Defensa Andrés Allamand recordó  a Bolivia que Chile: “Tiene Fuerzas Armadas prestigiadas, profesionales y preparadas que están en condiciones de hacer respetar los tratados internacionales”. Fue una advertencia innecesaria pues si hay algo que gobierno boliviano conoce bien es el poderío militar chileno. No en vano acusan al país de estar embalado en una carrera armamentista. Lo esté o no es algo irrelevante en la relación de fuerzas entre ambos países. Para los efectos de un conflicto bélico regular Bolivia, la nación más pobre de Sudamérica, no está en condiciones de  enfrentarse a Chile. El país vecino no dispone de una aviación, que le garantice supremacía aérea,  y en tierra no dispone de tanques pesados por solo mencionar dos elementos que Chile posee en abundancia.  En esas condiciones los alcances ministeriales criollos estuvieron fuera de lugar.

Pese a que no existe ninguna probabilidad de un choque militar entre ambos países  un tercero no perdió la oportunidad para inmiscuirse. Ahmad Vahidi,                  el ministro de Defensa iraní que se encontraba de visita en Bolivia aprovechó la ocasión para señalar que su  país apoyaría militarmente a Bolivia: “Nosotros estaremos dispuestos a ofrecer todo tipo de cooperaciones en ese sentido si hay demanda por parte del Gobierno boliviano”.

La presencia del funcionario iraní fue en desacierto monumental del gobierno del Presidente Evo Morales. Vahidi es reclamado por la Policía Internacional  (Interpol) por su presunta participación en el  atentado, en Buenos Aires, contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) que, en 1994, provocó la muerte de 85 personas   En las investigaciones realizadas en Argentina se concluyó que Vahidi, que al momento del atentado era  comandante de la Fuerza Qods de la Guardia Revolucionaria iraní,  tendría responsabilidades en la acción terrorista.

La Paz está ahora en entredicho por haber permitido la salida de Vahidi cuando correspondía detenerlo como lo exigía Interpol. En todo caso para evitarse un pleito mayor el gobierno boliviano optó por exigir la inmediata salida del presunto terrorista.  El canciller boliviano David Choquehuanca envió una carta a su par argentino Héctor Timerman  disculpándose por el “lamentable hecho”.  A modo de explicación, muy insatisfactoria para cualquier gobierno, se señaló que la Ministra de Defensa Cecilia Chacón, ignoraba el requerimiento judicial  y que no hizo las consultas de rigor con otras reparticiones. Un nivel de incompetencia que amerita una inmediata renuncia, si está es la versión real de lo ocurrido.

En lo que toca a Chile y Bolivia ambos países deben hacer una opción trascendental. Desean hablar para sus respectivos pueblos o anhelan superar un conflicto centenario que tiene solución. Lo que falta es la voluntad política. Cuantas veces se ha dicho que es mucho lo que ambas naciones ganarán si superan su diferendo. Pese a ello los sucesivos esfuerzos no han podido salvar los obstáculos.  La constelación política actual en La Paz y en Santiago hace temer, una vez más, que se vuelve al diálogo de sordos.

 

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