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Noruega: el nazi perfecto

July 24, 2011

Una masacre a sangre fría, sin odios personales, mirando a los ojos de sus víctimas para matarlas, una a una, sin remordimiento. Así actuó Anders Breivik un noruego inspirado en la xenofobia e islamofobia.  El asesino había meditado sobre la conveniencia de acabar con las vidas del mayor número de personas posibles. Emulando la ideología nazi los individuos alcanzados por sus  balas no eran más que medios para un objetivo. En un manifiesto que evoca el libro “Mi lucha” del genocida Adolfo Hitler el autor de la matanza escribió: “Una vez que uno decide golpear es mejor matar a muchos antes que no a los suficientes, o se corre el riesgo de reducir el impacto ideológico deseado con el golpe”.   

  Cabe sospechar que Breivik estudió el atentado perpetrado por Timothy Mc Veigh, en Oklahoma en 1995, con la voladura de un edificio del gobierno de los Estados Unidos.  En dicha oportunidad murieron 168 personas y 680 resultaron heridas. McVeigh preparó la bomba con fertilizantes. Lo mismo hizo Breivik pero con un plan más complejo que funcionó a la perfección. En mayo adquirió cientos de kilos de fertilizantes para su pequeña granja sin despertar sospechas.  Fabricó la bomba y la hizo detonar en el centro cívico de Oslo. Pese a la potencia del estallido hubo solo siete víctimas fatales. Al parecer la bomba fue solo una maniobra diversionista. La policía y los servicios de emergencia concurrieron en forma masiva al lugar de la explosión. Así el asesino, disfrazado de policía, pudo llegar al lugar donde había planificado desatar el baño de sangre o en sus palabras alcanzar el máximo “impacto ideológico”.

¿Qué relación existe en la mente de Breivik  entre el  asesinato a mansalva de decenas de jóvenes socialistas y su ideario racista? Muchas sociedades europeas  viven un creciente movimiento anti migratorio , en especial contra los provenientes de países islámicos. El partido socialdemócrata noruego destaca por su activismo en la búsqueda de entendimientos internacionales. De hecho el país ha mantenido puertas abiertas para dar asilo a perseguidos de diversas latitudes. Muchos chilenos son beneficiarios de la solidaridad noruega. De manera que golpear a los socialistas era para Breivik un blanco legítimo para sus objetivos de terminar con una Noruega multicultural.  

Es claro que Breivik es un desquiciado que, hasta donde se sabe, actuó por cuenta propia. Por los antecedentes conocidos no tenía vínculos con organizaciones neonazis.  Sus simpatías estaban con un partido ultra conservador, el Partido del Progreso, que ha ganado terreno con una dura plataforma contra la inmigración.  La interrogante es  cómo reaccionarán los noruegos ante la traumática experiencia: buscarán encerrarse tras sus fronteras o mantendrán la apertura que los ha caracterizado.

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