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Inglaterra: redes sociales y saqueo.

August 12, 2011

Edificios en llamas y bombas molotov lanzadas contra la policía en diversas ciudades no cuadran con la ordenada imagen de la sociedad inglesa. Luego del estallido  saltan de inmediato las explicaciones clásicas del malestar social: los recortes a los servicios sociales ejecutados por el gobierno conservador de David Cameron,  la exclusión económica, la marginalidad de  los inmigrantes, una juventud nihilista, la disolución de la familia nuclear y la autoridad parental,  el impacto de las drogas y otras causas endémicas.  Todo lo anterior, sin duda, contribuyó a colmar el vaso.  La gota que lo rebalsó fue la muerte de un presunto delincuente, que portaba un arma de fuego, a manos de la policía. Las circunstancias exactas del incidente son objeto de una investigación.

Las  autoridades fueron tomadas por completa sorpresa por los desórdenes que estallaron el 6 de agosto en Tottenham, el barrio donde se produjo la balacera. Es una zona que pasa por tiempos difíciles en que 54 jóvenes postulan por cada vacante de empleo. Muchos de los clubes y  amenidades construidas luego de las protestas de los años 80 han cerrado por falta de fondos. La policía tampoco escapó a los recortes perdiendo en Londres  4.625 efectivos en los últimos doce meses.

Como era previsible la sociedad británica se ha dividido en la interpretación de los hechos. Una corriente señala que el modelo thatcherista, vigente con variaciones desde los 80, que ha causado una desigualdad social que recuerda  al abismo que imperaba en la década de los 20. Solo el año pasado la fortuna de los mil más ricos del país aumentó en 30 por ciento. Se ha reforzado el consumismo por sobre valores solidarios que primaron luego de la Segunda Guerra Mundial. Otra corriente cree, en cambio  que la culpa es del multiculturalismo, que ello ha permitido el desarrollo de valores que no son compartidos por toda la sociedad, una postura liberal que ha amarado las manos de la policía haciéndola sentir como una fuerza de extranjera de intervención en las comunidades étnicas.

Lo curioso es que los peores desmanes no han ocurrido en los barrios más pobres. Hackney, Croydon y Enfield en Londres o el centro de Birmingham, donde se apreciaron las escenas más violentas, son comunidades con una  mixtura social y étnica. Las ciudades británicas no tienen guetos del tipo  estadounidense ni periferias vulnerables al estilo francés. Son urbes en que coexisten a muy poca distancia clases medias acomodadas y sectores pobres. En cuanto a los saqueos las redes sociales han jugado, una vez más , un rol dinámico. Por la vía de teléfonos las turbas eran capaces de anticipar los movimientos policiales. Es claro además  que hubo una participación de delincuentes habituales. Las tiendas asaltadas no eran seleccionadas por la rabia de los manifestantes sino que por el valor de sus mercaderías. A la cabeza de los negocios agredidos están las joyerías y las de productos electrónicos de alto valor. Allanamientos realizados por la policía permitieron recuperar grandes cantidades productos robados almacenados por las bandas que aprovechaban la oportunidad. En los robos primó el valor de cambio de las mercaderías antes que su valor de uso. El número de  participantes en los desmanes fue reducido. Es pues prematuro sacar grandes conclusiones sociológicas sobre los días de rabia vividos por algunas ciudades inglesas.

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