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La carbonización de la matriz energética chilena

August 22, 2011

La matriz energética chilena camina en la dirección equivocada. En términos más enfáticos: la carbonización en la producción de energía eléctrica  es un error garrafal. En los momentos en que corresponde iniciar un abandono  gradual de los combustibles fósiles: el petróleo y el carbón, grandes productores de dióxido de carbono, CO2,  el país no hace más que ampliar su dependencia de estos combustibles causantes del calentamiento global. La disociación entre el discurso  gubernamental y los hechos alcanza niveles alarmantes.

Los hechos muestran que Chile ha privilegiado los combustibles fósiles y seguirá por esa vía. En los últimos cuatro años  ha incorporado cerca de 1.400 megavatios a base de diesel para  la producción eléctrica. Estas centrales no solo son contaminantes. Además han contribuido a encarecer el precio de la electricidad. En la actualidad casi diez por ciento de toda la matriz es alimentada por petróleo, inexistente en el país y que es el combustible más caro en este momento.  Ello explica, en parte, porque los chilenos pagan el doble por la electricidad que en  otros países de la región.

En la ruta de las decisiones erróneas se suma   la luz verde dada  a la explotación carbonera en Isla Riesco que es aberrante desde una perspectiva ambiental. Más allá de los daños locales, que son importantes,  marca una opción estratégica en los momentos que corresponde disminuir la carbonización y reducir las emisiones de CO2. El carbón es el más tóxico de los combustibles desde el punto de vista del cambio climático pues produce más gases de invernadero, por unidad, que cualquier otro combustible. Por el momento no existe tal cosa como el “carbón limpio”. Desde hace varios años se realizan investigaciones para reducir o captar las emisiones pero hasta el momento solo existen plantas experimentales y, por lo que se ha visto, los procesos de reducción de gases son caros y comple4jos..

Para justificar el empleo masivo del carbón se señala que es necesario para garantizar el crecimiento económico del país. Incluso se llega a niveles de crudo cinismo argumentando que es parte del combate contra la pobreza. Ello, se arguye,  porque sin energía no es posible garantizar nuevos empleos y surgimiento de nuevas industrias. La construcción de plantas termoeléctricas nada tiene que ver con el afán de sacar a más chilenos de la pobreza. Es simplemente un negocio muy rentable para ciertos grupos económicos. La misma electricidad podría provenir de energías renovables no convencionales que no contaminan, no causan calentamiento global y son inagotables. Pero no son tan rentables en un primer momento como las grandes termoeléctricas. En rigor no cabe pedirles a las empresas que el bien común sea el norte de sus actividades. La responsabilidad de velar  por el interés de todos recae sobre el gobierno electo para ese propósito.

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