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Colombia y el fin del uribismo

September 3, 2011

Los ataques de las  Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)  y el aumento de  los “homicidios colectivos” le costaron el puesto a Rodrigo  Rivera, el ministro de Defensa colombiano. Las estadísticas del incremento de las matanzas, en cuatro por ciento, y los “actos terroristas”, en tres por ciento, forzaron el miércoles pasado la dimisión de Rivera que como toda autoridad dejó el cargo con un balance positivo. A su haber señaló que el gobierno había: “neutralizado 3.411 terroristas de las FARC (1.590 desmovilizados, 1.462 capturados y 359 abatidos en combate)”.  En materia de delito subrayó la “reducción de tasas  del homicidio común en un 7 por ciento, (679 casos menos), y el secuestro extorsivo en un 10 por ciento (13 casos menos)”. El ministro saliente, como ocurre en otros países,  argumentó que hay una clara contradicción entre la percepción de inseguridad y las cifras que muestran lo contrario.  El Presidente Juan Manuel  Santos se cuenta entre los que no está impresionado con las cuentas alegres  pues a su juicio no cuadran “con lo que oigo y percibo”

En Bogotá la inminente renuncia de Rivera era un secreto a voces. El encarnaba la continuidad de la política de “Seguridad Democrática” desarrollada  en sus dos mandatos por el Presidente Alvaro Uribe. La estrategia del ex mandatario que fue aplicada, en parte por el Presidente  Santos mientras se desempeñó como ministro de Defensa de Uribe (2006-2009),  dio resultados en la merma de la actividad de las FARC y las organizaciones paramilitares. Pero el costo en vidas, personas desplazadas y abusos a los derechos humanos se convirtió en freno a la inserción internacional de Colombia. Además el costo económico del conflicto, que se arrastra por medio siglo, ha alcanzado niveles difíciles de sustentar. El gasto en defensa y seguridad interna en 2009  llegó a los 9,6 mil millones de dólares. Los presupuestos de las fuerzas armadas van en alza continua: 5,64 mil millones en 2009 y 6,18 mil millones dólares el año pasado.

En lo que toca al ejército colombiano, que lleva la batuta en la lucha contra las guerrillas, hay molestia por  el nombramiento del almirante Edgar Cely   como comandante  general de las fuerzas armadas. Las fuerzas terrestres han aplicado la vieja técnica de acatar pero no cumplir para manifestar su disconformidad por que no sea uno de ellos el que ostente el máximo cargo castrense. En Colombia el ejército tiene una enorme gravitación con  más de 235.798   mil efectivos contra 33.138de la armada (una relación de uno a siete) En Chile,  en cambio, la relación es de dos a uno; el ejército tiene 35 mil efectivos contra 16.299 de la armada. En todo caso Santos, que pasó por la Escuela Naval, nombrará a un nuevo comandante general en noviembre.   Juan Carlos Pinzón, el nuevo ministro de Defensa, ha anticipado que focalizará su acción contra los ataques “avispas” de las FARC. Es la clásica táctica guerrillera también conocida como “el muerde y huye”. Más que las operaciones bélicas las esperanzas de superar el conflicto  radica en el nuevo enfoque de Santos de devolver tierras a los desplazados y castigar los abusos militares y paramilitares.

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