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La sombra de los ataques el 11-S-2001

September 10, 2011

Cuánto cambio el mundo a causa de los atentados del 11-S-2001 es una pregunta recurrente una década más tarde. Claro, el mayor shock lo sufrió Estados Unidos no solo por las muertes y la destrucción de sus edificios. Fue la primera vez que el país experimentó un ataque en su territorio continental.  La  respuesta del Presidente George W. Bush fue histérica. Sin pensarlo declaró la  “guerra al terrorismo”  y proclamó la “primera guerra del siglo XXI”. Hoy Estados Unidos ha revisado el equívoco concepto de “guerra contra el terrorismo”  y lo ha omitido de su vocabulario. Y es que el terrorismo no es un enemigo sino que es  un método de combate. El mismo enemigo puede en ocasiones recurrir a ataques terroristas y en otros emplear la lucha abierta como lo han demostrado los talibanes en Afganistán, entre otros muchos.  

En su estado de alteración Washington propugnó la legitimidad de las “guerras preventivas”.  Esto es el derecho de  atacar a un tercero si se sospecha que prepara o cobija a quienes  planifican un ataque. Osama bin Laden y el grueso de los efectivos de Al Qaeda operaban en Afganistán.  En consecuencia Estados Unidos invadió el país altiplánico famoso por sus tradiciones guerreras. La victoria fue rápida y fácil en apariencias. Pero hoy la operación está ya en los anales bélicos de Norteamérica como la guerra más larga de su historia.  El paso siguiente, en 2003,  fue la invasión a Irak. En este caso fue simplemente una aventura militar destinada a afianzar la hegemonía estadounidense en el Medio Oriente.  Como lo señala Joseph Stiglitz, en su libro “La guerra de los tres billones de dólares”  (con varios cientos de miles de muertos), el conflicto no ha hecho más que debilitar a Estados Unidos tanto en económico, lo militar además de disminuir su prestigio político.  La arbitrariedad del proceder de Washington asentó la idea que la superpotencia no respeta las reglas que invoca para censurar a otros.  

Estados Unidos tiene un consuelo y es que su territorio no volvió a sufrir ataques. Ya sea porque Al Qaeda lo provocó o por la mal concebida y desmedida respuesta norteamericana hoy Washington es la vanguardia de la lucha contra  el yihadismo. Al confrontar a determinadas organizaciones extremas del fundamentalismo islámico se abre un conflicto sin límites. Hoy los campos de batalla alcanzan a Paquistán , Somalia,  Yemen o quizás mañana a  Libia.  Es un frente sin límites porque la raíz del conflicto no es militar sino que cultural y social. Por lo tanto los “condenados de la tierra” pueden estar en un recóndito estado fallido como operar en Londres o Madrid.  La estrategia de Estados Unidos y Occidente en la lucha contra el fundamentalismo es contradictoria. No se perciben principios sino que intereses nacionales.  Se hace la vista gorda ante la invasión de Arabia Saudita  a Bahréin para aplastar a quienes manifiestan forma pacífica para exigir democracia.  Los dictadores y emires que se entienden con occidente escapan a las críticas. En ese sentido el 11-S-2001 todavía proyecta una sombra amenazante. 

 

 

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