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Bolivia: indígenas vs carretera

September 30, 2011

Uno de los programas emblemáticos del Presidente Evo Morales ha derivado en una crisis política de proporciones mayores. Se trata de una ruta que debía cruzar el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) para unir los departamentos del Beni y Cochabamba. El problema es que el trazado afecta de manera irreversible el hábitat de 15 mil indígenas y podría llevar a una tala masiva de los bosques nativos. El rechazo de los indios moxeños, yurakarés y chimanes, que habitan la región, dio lugar a una marcha de protesta que recibió el respaldo de otras etnias. Los indígenas saben que la construcción de la ruta marcaría el fin de sus existencias ancestrales. En Brasil y Paraguay las carreteras selváticas atraen nuevos colonizadores que ocupan franjas crecientes de tierras. Los moradores originales son expulsados por la fuerza y emigran o terminan como mano de obra a salarios irrisorios.
Ante los primeros síntomas de protesta el gobierno tomó una postura firme. Morales advirtió: “Quiero decirles, quieran o no quieran vamos construir este camino y en esta gestión vamos a entregar el camino” y en la mejor tradición del oficialismo desarrollista apuntó el dedo contra “supuestos” defensores del medio ambiente, que a través de las ONG, “usan a nuestro hermanos para que no se construya este camino”. Las amenazas no surtieron el efecto esperado y la agitación creció. El domingo 25 de septiembre cientos de marchistas, entre los que se contaban numerosas mujeres y niños, fueron reprimidos con apaleos y descargas de gases lacrimógenos. Maniatados y con bandas plásticas sellando sus bocas fueron subidos a buses para dispersarlos. Finalmente los manifestantes recuperaron su libertad.
La brutal acción policial desencadenó una inmediata crisis política con una cadena de renuncias que incluyó a la ministra de Defensa y la del Interior. Morales decidió suspender las obras y pidió perdón por acciones que son indefensibles para un gobierno que ha proclamado el principio del “buen vivir”. Esto es anteponer la calidad de vida antes un desarrollo económico que no es sustentable.
Álvaro García Linera, el Vicepresidente, explicó las razones del empeño gubernamental por construir la carretera que tiene una extensión de 1.400 kilómetros y, en particular, los 177 kilómetros que cruzan el TIPNIS. En primer lugar buscan incrementar la conectividad del país: “El 30 por ciento esta desvinculado de los valles y el llano, es obligación del Estado vincular su territorio”. El departamento del Beni tiene un enorme potencial económico pero genera “sólo el 2.5 por ciento” del PIB por lo que “que necesita carreteras, proyectos productivos para vincularse con el resto del país y crecer como economía”. En la mira de La Paz está también acabar con el reto político que representa el autonomismo regionalista: “Esta carretera es el último toque del desmontamiento de pretensiones divisionistas de Bolivia, esta carretera es como la sutura para unir el valle con la Amazonía, para garantizar la base material de la unidad boliviana” sentenció García Linera.
Hay quienes ven además una dimensión regional en el conflicto. El polémico tramo será construido por una empresa brasileña a un costo de 415 millones de dólares, de los que 332 millones provienen de un crédito blando otorgado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil. Uno de los beneficiarios directos será el estado brasileño de Matogroso do Sul donde el 90 por ciento de su producción agrícola es soya s destinada, en gran parte, a China y otros mercados asiáticos. La ruta conformará un corredor interoceánico que reforzará la integración de infraestructura entre Bolivia, Brasil y Chile. El beneficio para Chile es que podrá transportar sus exportaciones a Brasil a menor costo.

El conflicto del TIPNIS muestra las dificultades para encontrar un equilibrio entre la expansión del comercio y el respeto a los pueblos originarios y el medio ambiente. También alecciona sobre la necesidad de realizar acuciosos estudios de impacto social antes de acometer obras que transformarán vastas regiones.

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