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Egipto: los cristianos en la mira.

October 13, 2011

Los coptos, los cristianos de Egipto, están en la mira del fundamentalismo islámico. Los ataques contra iglesias y propiedades de la minoría religiosa, que suma ocho millones de fieles y representa diez por ciento de la población egipcia, se han multiplicado en los últimos tiempos. La gota que rebalsó el vaso para los coptos –así llamaban griegos a los egipcios de los tiempos faraónicos- fue el incendió de una de sus iglesias en la ciudad de Asuán al sur de El Cairo. El atentado repitió el padrón de quemas anteriores e incitó a protestas de los afectados. Cuando los coptos manifestaban en las calles su repudio a los ataques fueron agredidos por grupos organizados de salafistas. En los choques entre coptos y salafistas las fuerzas de seguridad suelen mantener una neutralidad que favorece a los atacantes. El salafismo es la corriente, más extrema en su vocación religiosa que la Hermandad Musulmana, que se caracteriza por su integrismo y, como tal, es hostil a toda innovación en el Islam. Peor aún, considera que todos aquellos que no comparten su peculiar interpretación de la fe son impíos y, por lo tanto, enemigos. Su credo evoca las arengas cargadas de odio de Osama bin Laden que llamaba al “yihad – guerra santa- contra los judíos y los cruzados (Occidente)”.

Este fin de semana la tensión desbordó en el curso de una marcha copta en El Cairo. Al parecer elementos infiltrados atacaron a fuerzas del ejército que patrullaban las calles. Eso es lo que se deduce de una declaración de las autoridades coptas que señalan: “Extraños se mezclaron entre nuestros hijos y cometieron errores para que fuesen culpados nuestros hijos”. La respuesta militar, en todo caso, fue brutal. Los soldados, que según versiones sufrieron tres muertes, abrieron fuego con munición de guerra matando a 25 personas e hiriendo a otras 300. Los vehículos blindados circulaban a toda velocidad entre los manifestantes. Seis de ellos murieron atropellados. La televisión estatal llamaba a los “egipcios honorables” a salir en defensa de los soldados atacados por una “muchedumbre de cristianos armados”. En el largo proceso que tumbó al Presidente Hosni Mubarak, hace ocho meses, no se vio semejante violencia por parte del ejército.

La creciente agresividad de los salafistas preocupa no solo a los coptos. También las mujeres comienzan a sentirse amenazadas por la intolerancia de los extremistas religiosos. Llama la atención de muchos observadores la pasividad de los militares, que detentan todo el poder, ante los desmanes que amenazan a un porcentaje importante del país. Egipto está a las puertas de elecciones parlamentarias que tendrán lugar el 28 de noviembre para dar paso, en marzo de 2012, a elecciones presidenciales. Los últimos y trágicos hechos anticipan una dura lucha entre los partidarios de una democracia tolerante y los que buscan una república teocrática.

Los coptos, los cristianos de Egipto, están en la mira del fundamentalismo islámico. Los ataques contra iglesias y propiedades de la minoría religiosa, que suma ocho millones de fieles y representa diez por ciento de la población egipcia, se han multiplicado en los últimos tiempos. La gota que rebalsó el vaso para los coptos –así llamaban griegos a los egipcios de los tiempos faraónicos- fue el incendió de una de sus iglesias en la ciudad de Asuán al sur de El Cairo. El atentado repitió el padrón de quemas anteriores e incitó a protestas de los afectados. Cuando los coptos manifestaban en las calles su repudio a los ataques fueron agredidos por grupos organizados de salafistas. En los choques entre coptos y salafistas las fuerzas de seguridad suelen mantener una neutralidad que favorece a los atacantes. El salafismo es la corriente, más extrema en su vocación religiosa que la Hermandad Musulmana, que se caracteriza por su integrismo y, como tal, es hostil a toda innovación en el Islam. Peor aún, considera que todos aquellos que no comparten su peculiar interpretación de la fe son impíos y, por lo tanto, enemigos. Su credo evoca las arengas cargadas de odio de Osama bin Laden que llamaba al “yihad – guerra santa- contra los judíos y los cruzados (Occidente)”.

Este fin de semana la tensión desbordó en el curso de una marcha copta en El Cairo. Al parecer elementos infiltrados atacaron a fuerzas del ejército que patrullaban las calles. Eso es lo que se deduce de una declaración de las autoridades coptas que señalan: “Extraños se mezclaron entre nuestros hijos y cometieron errores para que fuesen culpados nuestros hijos”. La respuesta militar, en todo caso, fue brutal. Los soldados, que según versiones sufrieron tres muertes, abrieron fuego con munición de guerra matando a 25 personas e hiriendo a otras 300. Los vehículos blindados circulaban a toda velocidad entre los manifestantes. Seis de ellos murieron atropellados. La televisión estatal llamaba a los “egipcios honorables” a salir en defensa de los soldados atacados por una “muchedumbre de cristianos armados”. En el largo proceso que tumbó al Presidente Hosni Mubarak, hace ocho meses, no se vio semejante violencia por parte del ejército.

La creciente agresividad de los salafistas preocupa no solo a los coptos. También las mujeres comienzan a sentirse amenazadas por la intolerancia de los extremistas religiosos. Llama la atención de muchos observadores la pasividad de los militares, que detentan todo el poder, ante los desmanes que amenazan a un porcentaje importante del país. Egipto está a las puertas de elecciones parlamentarias que tendrán lugar el 28 de noviembre para dar paso, en marzo de 2012, a elecciones presidenciales. Los últimos y trágicos hechos anticipan una dura lucha entre los partidarios de una democracia tolerante y los que buscan una república teocrática.

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