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Indignación global

October 17, 2011

El 15 de octubre marcó un hito. Cientos de miles de personas, en más de ochenta países, salieron a las calles para expresar su indignación. Fue una protesta sincronizada pero sin un mando centralizado. En cada ciudad un espectro transversal de ciudadanos se congregó para ventear sus reivindicaciones. Había jóvenes que manifestaban contra el desempleo que entre ellos excede del 20 por ciento en muchos países. En Estados Unidos era llamativo el alto número de personas de la tercera edad que marcharon en diversas localidades. Los fondos de inversiones de los cuales dependen las pensiones han perdido fortunas con la caída del valor de las acciones. Para muchos estadounidenses esto significa el recorte de un tercio o más de los ahorros con los cuales contaban para sus jubilaciones.
Los desastres económicos son producto de políticas aplicadas por los gobiernos y, en este caso, la banca. Desde la década de los 80, bajo los gobiernos ultra conservadores de Ronald Reagan en Washington y Margaret Thatcher en Londres, comenzó un proceso desregulación de la banca. El sector financiero pudo hacer y deshacer a sus anchas. Así en Estados Unidos entre 1980 y 2007 el sector financiero pasó del diez por ciento de las ganancias del mundo corporativo al 40 por ciento. La banca por la vía del apalancamiento que consistió, entre otros mecanismos, en multiplicar los préstamos utilizando los tristemente famosos “paquetes de deudas”, conocidos en inglés como la subprime prestó mucho más de lo que permitía la ley. La burbuja estalló en 2008 y las consecuencias se viven hoy y seguirán amargando la vida de muchos millones en los años venideros.
Los banqueros causantes de la debacle pasaron del anti estatismo a pedir socorro a los gobiernos. El chantaje fue simple: nos rescatan o sobrevendrá una corrida que afectará a todo el sistema económico. La tan predicada disciplina fiscal fue tirada por la borda y se multiplicaron los programas de reactivación económica. Léase plata fiscal para la banca y empresas en dificultades.
Hoy los “mercados”, que no son otra cosa que los bancos y los inversionistas, imponen a los gobiernos programas de austeridad con recortes a la salud, la educación y otros servicios públicos. Los que amasaron inmensas fortunas y contribuyeron a la crisis actual exigen que la masa de la población, el 99 por ciento como dicen los indignados, asuman no solo las pérdidas ya incurridas sino que drásticas nuevas medidas de austeridad. Esto llevó a millares a las calles para impugnar a sus gobiernos acusándolos de estar al servicio de las grandes corporaciones. Está por verse si las manifestaciones fueron un estallido de malestar o si a partir de ellas surgirá un movimiento de empoderamiento ciudadano.

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