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El Banco Mundial cuestionado.

November 1, 2011

“En un foro iberoamericano por qué tengo que escuchar las cátedras de la vicepresidenta del Banco Mundial, que chantajeó abiertamente a mi país”, con estas palabras  Rafael Correa, el Presidente ecuatoriano, abandonó la sesión de la Cumbre Iberoamericana, el sábado pasado en Asunción. Fue un hecho insólito pues si bien muchos mandatarios presentes compartían  los propósitos del jefe de estado prefieren optar por un cauto silencio. 

 

Correa aprovechó la amplia cobertura  mediática de la Cumbre para cobrar  una vieja factura. El mandatario recordó cuando expulsó, en 2007,  al representante del Banco Mundial (BM) de Ecuador. Ello porque la  entidad no le concedió un préstamo ya aprobado en 2005, año en que Correa era el ministro de Economía. El blanco de sus críticas fue doña Pamela Cox a quien impugnó: “Esta señora me dijo: ‘No le vamos a dar el crédito porque ha cambiado la política”, después de lo cual la emplazó a que: “Al menos que empiece pidiendo disculpas por el daño que le ha hecho a América Latina y a los países del planeta”.

 

Más allá de su experiencia directa Correa aludía al así llamado  Consenso de Washington, aplicado en América Latina a partir de la década de los 90,  que estableció una serie de políticas económicas como la disciplina fiscal, la liberalización del comercio y  del mercado financiero, privatizaciones masivas y apertura a la inversión extranjera. Los préstamos del BM y del Fondo Monetario Internacional quedaron condicionados a la estricta aplicación de estas políticas que, lejos de ser criterios técnicos de cumplimiento de metas, fueron imposiciones políticas con profundas consecuencias sociales. Incluso haber denominado consenso a la ejecución de lineamientos económicos neoliberales fue engañoso. Se podría incluso pensar que se trató de algo convenido entre los gobernantes del hemisferio. Pero no, de  ninguna manera fue tal cosa pues  el “consenso” fue alcanzado entre el gobierno, el Congreso, los grandes bancos de Estados Unidos y  representantes de la banca multilateral.

 

Correa se interrogó ante todos los presentes por qué tenía que “escuchar a una burócrata internacional”. Como era una pregunta retórica le señaló Fernando Lugo, el   presidente anfitrión, que se ausentaba de la sala durante la intervención de la señora Cox. La protesta del mandatario ecuatoriano surtió el efecto buscado y se tornó en el hecho más comentado de una Cumbre que, por le demás, dio poco que hablar.

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