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Egipto rechaza al poder militar

November 22, 2011

Decenas de muertos, miles de heridos y más de doce mil personas encarceladas en las manifestaciones contra el régimen egipcio. La plaza Tahrir en el corazón de El Cairo es, un vez más, el símbolo de la lucha por la democracia. Las explosiones de descontento popular eran esperables. Desde que fue depuesto Hosni Mubarak, el 11 de febrero, los militares asumieron el poder en la persona del mariscal de campo Hussein Muhammad Tantawi. Formalmente el país es regido por gabinete civil pero este no es más que una fachada del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas, que tiene la última palabra sobre la marcha de la nación.
En la prensa occidental la caída de Mubarak fue aplaudida como una “revolución”. Era claro entonces y lo es más aún ahora que se trató de un mero reacomodo del régimen. El viejo faraón que gobernó Egipto durante 30 años era un hombre enfermo. Además incurrió en el clásico error de muchos déspotas de bregar para traspasar el poder a su hijo. El anciano gobernante, de 83 años que padece de cáncer, había completado un ciclo. Además el país atraviesa por serias dificultades económicas.
Desde febrero poco ha cambiado. Inicialmente se prometió que se acabaría con la censura a la prensa pero a poco andar los militares decidieron que la libertad de prensa no era conveniente. Las decisiones económicas son tomadas a puertas cerradas sin dar cuenta a los organismos contralores. La raíz del malestar de millones de egipcios son las tres plagas económicas que azotan al país: el altísimo costo de la canasta de alimentos básicos, que obliga a los más pobres a destinar hasta el 80 por ciento de sus ingresos a la comida. El desempleo continúa afectando a un alto porcentaje de la juventud y, por último, no hay visos de una disminución de la corrupción. A estos factores estructurales se suma una baja del turismo, una de las principales fuentes de ingresos, debido en parte a los desórdenes y también a la crisis económica internacional.
En un país que jamás ha tenido elecciones libres es difícil anticipar el comportamiento del electorado. Muchos vaticinan que los Hermanos Musulmanes, que agrupa a sectores fundamentalistas islámicos, serán los grandes vencedores de las elecciones que deberían tener lugar a partir del próximo lunes. La ventaja de los islamistas es que pese a las décadas de represión supieron mantener sus estructuras clandestinas y constituyeron la única oposición efectiva. Las fuerzas liberales que constituyen otra importante vertiente opositora no han sido capaces, hasta el momento, de unificar sus esfuerzos. Ante este cuadro los militares creyeron que podían conservar el poder en forma ilimitada. Las últimas movilizaciones sociales muestran que ello no será posible pero la partida de los uniformados, que detentan buena parte del poder económico, no será fácil.

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