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Confrontación entre Irán y Occidente

December 2, 2011

El aislamiento diplomático del enemigo  es un  prerrequisito para desencadenar un ataque militar. Es muy riesgoso lanzar operaciones bélicas contra países que gozan de apoyo internacional. Las victorias en el campo de batalla pueden  ser revertidas en la arena diplomática. Por ello las maniobras armadas son precedidas por una abundante propaganda  destinada a justificar el uso de la fuerza. El último round entre Gran Bretaña e Irán se inscribe en una dura pugna soterrada.  Occidente, con algunos países más activos que otros,  lleva adelante operaciones encubiertas para desarticular el programa nuclear de Teherán. Parte de esta ofensiva es el asesinato de media docena de científicos dedicados a materias nucleares. Un misterioso virus, conocido como Stuxnet,  ha infectado los computadores de algunas instalaciones  críticas  para las investigaciones atómicas. Esta semana, según el periódico israelí Haaretz,  se registró una enorme explosión en una panta procesadora de uranio en la ciudad de Isfahan.  El diario señala que de acuerdo a fuentes israelíes “no hay duda” que la explosión  dañó la instalación nuclear  y que la explosión no fue un “accidente”. La agencia iraní Fars confirmó que una deflagración de proporciones tuvo lugar en la ciudad señalada causando pánico entre la población. El gobierno iraní, por su parte, dijo haber logrado un éxito con la captura de una docena de espías al servicio de la CIA y otros servicios de inteligencia enemigos.

Irán furioso ante la escalada de sanciones y las operaciones encubiertas en su contra decidió recurrir a su método tradicional: lanzar una  turba contra una embajada occidental. En realidad no tenía mucho donde elegir pues ni Estados Unidos ni Israel tienen representaciones diplomáticas. Los participantes en la breve ocupación de la embajada británica no superaron los 300.  La policía pudo haberlos detenidos sin dificultades de haberlo querido. Londres, en todo caso, no perdió un minuto y exigió la salida de todo el personal diplomático iraní de Inglaterra en tanto que retiraba los suyos de Teherán. Acto seguido Gran Bretaña pidió la solidaridad de los 27 países de la Unión Europea. Francia y Alemania entre otros ya han llamado a sus embajadores para consultas en sus respectivas capitales. En tanto en Bruselas se aplican nuevas sanciones económicas destinadas a fragilizar el sector energético, de transporte y las finanzas iraníes. 

Si la intención de Teherán, cualquiera sean las instancias que auspiciaron la acción contra la embajada inglesa, era intimidar a sus enemigos  cometió un serio error de cálculo. El hecho no parece haber galvanizado a la opinión pública iraní pero si ha aunado a sus adversarios. Ha dañado su imagen internacional dando credibilidad a las acusaciones que se trata de un gobierno irresponsable que no respeta los tratados internacionales. En este caso el de Viena, que obliga a los países anfitriones a proteger a los diplomáticos y sus sedes. El último choque de voluntades entre las partes en conflicto augura un desenlace poco alentador. 

 

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