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A Kim muerto, Kim puesto.

December 20, 2011

Kim Jong-un, apodado el “brillante camarada”,  será el nuevo hombre fuerte de Norcorea.  Por el momento se cumple la voluntad del recién fallecido Kim Jong Il  para elevarlo a la cúspide del poder. Los dos estamentos claves de Pyongyang, el partido y  las fuerzas armadas, parecen coincidir que, al menos por el momento, es más simple dejar las cosas como están. 
La dinastía de los Kim, iniciada con la fundación de Corea del Norte,  en 1946  tiene visos de continuar. Primero gobernó Kim Il-Sung, apodado el “gran líder”, hasta 1994. Le siguió su hijo Kim Jong-il, el “querido líder”, que falleció este fin de semana. Este último, antes de asumir,  tuvo diez años en estrecha colaboración con su padre que le enseñó el manejo del estado y lo hizo aceptar por parte la nomenklatura, como los soviéticos llamaban a la elite que ejerce el poder.  A Kim Jong-un,  el menor de sus hijos, solo le permitió algo más de un año a su lado para traspasarle las riendas del mando. En su paranoia Kim Jong Il no quería que siquiera alguno de sus hijos ganara demasiada influencia. En todo caso  el  ascenso del “brillante camarada” fue meteórico: en septiembre de 2010, con apenas 26 años y sin experiencia militar,  una asamblea especial del Partido de los Trabajadores (comunista) lo nombró general.
Como ocurre en las dictaduras, y más aún en la hermética Corea del Norte, a falta de información confiable abundan los rumores. Como nadie puede imaginar la política sin conflictos corren versiones endémicas sobre solapadas luchas de poder. En el país la ciudadanía no tiene voz pues se  ha reprimido el desarrollo de la  sociedad civil. El poder se reparte entre los uniformados y la alta dirigencia comunista. En Norcorea, como en todos los países de lo que se conoció como el socialismo real, es decir donde los comunistas  ejercían el poder de estado,  la jerarquía del partido ha impuesto sus puntos de vista.  No en vano Kim Jong Il fue nombrado general por el partido y no como resultado de una prolongada carrera como uniformado.
Hoy la mayor influencia  sobre la autárquica república la ejerce China.  Norcorea no existiría si millones de chinos no hubiesen combatido contra las tropas estadounidenses que culminó con la actual división de la península en que la mitad austral corresponde a Corea del Sur. Beijing ha aconsejado a  sus vecinos comunistas seguir su modelo y permitir un rol creciente al mercado.
En lo que toca a Corea del Sur existe, como era de esperar, gran ansiedad puesto que si bien ambos países cooperan en el plano económico cada tanto hay choques militares. Las dos Coreas están técnicamente en guerra pues,  el Norte y el Sur, solo  firmaron un armisticio en 1953, al culminar  tres años de guerra pero que jamás rubricaron un tratado de paz. Las fricciones son recurrentes entre Seúl y Pyongyang. Ello quedó a la vista en marzo de 2010 cuando la corbeta surcoreana Cheonan sufrió un impacto y se hundió causando la muerte de 46 de sus tripulantes. El sospechoso número uno de la acción era Corea del Norte. Pero Pyongyang negó en forma vehemente toda responsabilidad en el hecho.
Qué impacto tendrá la muerte de Kim Jong Il sobre las vidas de  26 millones de norcoreanos  es algo que para los propios habitantes del país es un enigma.

 

 

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