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La disputa por las Malvinas

December 23, 2011

Las aguas del Atlántico Sur vuelven a agitarse. Argentina obtuvo un éxito diplomático con la recién aprobada decisión del Mercosur, cuyos miembros plenos Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, resolvieron negar el ingreso a sus puertos a buques que navegan con la bandera de las Falkland. El pabellón fue catalogado de ilegal por los miembros del acuerdo. Una treintena de navíos pesqueros, en su mayoría españoles, emplean la bandera de las islas para aumentar las cuotas de pesca.

 La Presidenta argentina Cristina Fernández elevó la disputa con los británicos a nivel planetario  al señalar: “ Malvinas no es una causa argentina, es una causa global. Porque en Malvinas se están llevando los recursos petroleros y pesqueros”, para luego advertir a sus socios regionales: “Cuando tengan necesidad de más recursos, piensen todos los que tengan recursos que los (países) que tengan la fuerza los van a ir a buscar adónde sea”. La inquietud argentina por la soberanía del archipiélago, situado a unos 500 kilómetros del extremo sur del país, aumenta con las informaciones que la empresa Rockhoper Exploration, ha encontrado cantidades crecientes de petróleo.

La disputa entre Londres, que ejerce plena soberanía sobre las islas, y Buenos Aires no tiene viso alguno de poder encontrar una salida aceptable para las partes.  El eje de la demanda argentina descansa en el anticolonialismo y  antecedentes históricos. Acusa a los ingleses de haber ocupado  las islas a comienzos del siglo XIX para mantener un enclave colonial. Los kelpers, como se llama a los casi tres mil habitantes de las islas,  responden que lo que está en juego es su derecho a la autodeterminación.  Destacan que algunas familias han vivido bajo la protección de Londres ya  por nueve generaciones. La postura inglesa es la siguiente: el día que el 50 por ciento más uno de los isleños quiera pertenecer a la Argentina su voluntad será respetada.  En diciembre del año pasado visité las islas y si hay algo claro es el profundo arraigo de los isleños con sus raíces británicas. De hecho casi ninguno de ellos habla castellano. 

Se dice que cuando la niebla impide ver las costas europeas los ingleses comentan que el continente  está aislado. De la misma manera los kelpers dicen hoy que las restricciones impuestas a sus buques le hacen más daño a Sudamérica que a ellos. Lo dicen para infundirse valor  pues las medidas  afectan la viabilidad de una frágil economía basada hasta ahora en la pesca. Incluso el despegue de las actividades petroleras se verá  complicado por el cierre de los puertos regionales. Es también un tema pendiente para Chile. La empresa naviera que abastecía las islas desde Punta Arenas suspendió sus actividades luego de las presiones de Buenos Aires. Cabe preguntarse si, a medida que aumente la actividad marítima por las explotaciones petroleras,  se permitirá a los buques recalar y utilizar servicios de astilleros nacionales. En caso negativo los costos de explotación aumentaran en forma importante. No en vano Londres disparó una salva de advertencia. Lord West, ex máximo jefe naval,  recomendó el despacho de un submarino nuclear a la zona para marcar presencia.  En todo caso la ofensiva argentina no es bélica y en el plano diplomático  ha logrado avances. Es, en todo caso, un conflicto que a todas luces recrudecerá.

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