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Dictadura a la chilena.

January 28, 2012

 

El debate si Chile fue regido por una dictadura o un régimen militar debiera inquietar a las fuerzas armadas. Es evidente que para los sectores que respaldaron el gobierno de Augusto Pinochet la denominación de régimen militar resulta más aceptable. Así lo ha señalado Harald Beyer, el ministro de Educación, al declarar  que “estamos gratos con la aceptación de la modificación unánime ante la nueva redacción que incluye ‘régimen o dictadura militar’ en los objetivos curriculares para alumnos de primero a sexto básico, creemos que esta redacción reconoce todas las sensibilidades”.

El malestar castrense debiera originarse en la caracterización del período como régimen militar o dictadura militar.  Es obvio que el período 1973-1989 fue hegemonizado  por las fuerzas armadas con la exclusión de vastos sectores  la sociedad civil y los partidos políticos. Pero el rol de núcleos políticos y grupos de interés fue determinante en el derrotero económico  y social. De hecho el andamiaje económico y constitucional que rige aún hoy al país fue diseñado por civiles. Por lo tanto el interés de los militares, de cara a la historia que estudiarán las generaciones venideras,  debiera ser que el período debatido sea llamado lisa y llanamente dictadura.

La experiencia enseña que la mejor actitud para enfrentar hechos traumáticos es enfrentarlos y debatirlos. Alemania y Francia formaron comisiones de historiadores para estudiar su historia común y superar sus diferencias de interpretación.  En Chile se cometieron crímenes, sancionados por un poder judicial independiente, en consecuencia no es permisible que autoridades nieguen las aberraciones ocurridas. Negar un crimen es, en cierta forma, cometer un crimen.   Esconder las discrepancias solo ayuda a que perduren y se consoliden como pseudo verdades inamovibles. En este sentido de nada sirve un enfoque acomodaticio: cada cual puede decir lo que le plazca.

El ministro Beyer puntualizó que se podía utilizar cualquiera de los dos términos  y que a su juicio son los colegios los que “eligen los que les parecen  más conveniente, de acuerdo a su proyecto educativo”. Es poco aconsejable que en asuntos tan esenciales  para una visión nacional del pasado se permitan interpretaciones dispares. Es natural que existan matices, aún importantes,  en la lectura de los hechos. Pero no es posible eludir lo fundamental y es que en Chile imperó una dictadura que violó los derechos humanos de manera sistemática, suprimió los partidos políticos, prohibió la circulación de un sector de la prensa,  prescindió del Parlamento y gobernó sin mandato electoral alguno. Si estos elementos no corresponden a los de una dictadura sería interesante saber como se les podría calificar sin faltar a un mínimo rigor. Por ello mantener dos denominaciones para el triste período no es más que barrer la basura bajo la alfombra.

 

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