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Egipto: masacre en la cancha

February 4, 2012

La estación de trenes Ramsés en el centro de El Cairo estaba abarrotada. Parientes  e hinchas del club cairota Al-Masry  esperaban a la barra que volvía maltrecha luego de los desórdenes que dejaron 74 muerto en Port Said. Un hombre mayor, que esperaba a su hijo,  se lamentaba: “Ni Israel hubiese hecho algo así. No son hombres los que han hecho esto a los jóvenes de Egipto”.  Probablemente nunca se sabrá a ciencia cierta cómo se desarrollaron los hechos.

Para muchos fue un gran crimen orquestado por el gobierno. La barra del Al-Masry había ganado notoriedad en las movilizaciones  que tumbaron al dictador Hosny Mubarak. En especial en la victoria en la  llamada “batalla de los camellos” en que milicias pro gobierno atacaron, montados en camellos y caballos,  a los manifestantes que ocupaban la Plaza Tahrir, el corazón de la rebelión. En revancha elementos  de los poderosos servicios de inteligencia habrían jugado un rol determinante en el ataque contra la hinchada cairota.  Este puede haber sido el caso o no. Los que creen en la conspiración señalan que el Ministerio del Interior tiene interés en mostrar un país ingobernable para así poder invocar poderes especiales.

Lo cierto es, y era previsible, que la gran masa de los egipcios culpa al régimen por lo ocurrido y ello quedó plasmado en la consigna: “El pueblo quiere la caída del mariscal”, en alusión al mariscal Mohamed Tantawi, jefe del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas. Los diversos partidos islamistas, que obtuvieron 70 por ciento de los votos en las recientes elecciones, fueron unánimes en condenar al régimen militar.  La Hermandad Musulmana, la  principal fuerza política del país,  señaló por boca  de  Essam el-Arian que “los hechos de Port Said  fueron planeados”.  Mohammed Saad el-Katatni, miembro del mismo partido y vocero del Parlamento, advirtió  que los incidentes ponían  en “peligro la revolución”  y culpó por ellos al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas.

Cualquiera sea la explicación sobre lo ocurrido es claro que ellas exceden por mucho lo ocurrido en el gramado de Port Said. Las masivas manifestaciones de protesta en el resto del país dan cuenta de una gran  frustración y rabia. La situación económica y social en Egipto es precaria. Cerca de un cuarto de los  jóvenes están cesantes.  En este contexto el futbol, que congrega a las barras bravas, puede ser un detonante de hechos políticos mayores.

 

 

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