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El interminable pleito por las Malvinas.

February 8, 2012

Algunos suspiraron con  alivio y en tanto para otros fue un anticlímax. Esas son las reacciones luego del discurso de la Presidenta Cristina Kirchner. La mandataria optó en forma clara por la vía diplomática y no, como algunos temían, por presiones económicas conducentes a un bloqueo de las Malvinas. Una política que,  por necesidad,  comprometería a los países de la vecindad.  Se daba casi por hecho que la gobernante rescindiría los acuerdos de 1999 y ello podía alcanzar al vuelo semanal que realiza LAN a las islas. 

En el deshielo de las relaciones  entre Londres y Buenos Aires, de finales de los 90,  se  facilitaron las comunicaciones aéreas, las visitas de argentinos a los cementerios donde yacen sus combatientes  y, también,  algún nivel de cooperación para la protección de los recursos pesqueros. Entonces, desde la perspectiva argentina, la voluntad de diálogo respondía a la llamada “política de seducción”  de los isleños  del Presidente Carlos Menem.

Con la inminente  conmemoración de los 30 años de la guerra, que tuvo lugar en 1982, muchos argentinos estiman que lo que no  lograron las armas tampoco lo ha conseguido la “seducción”.  Es desde este ángulo que Kirchner  ha demarcado su ofensiva internacional. Primero, con éxito, ha conseguido el respaldo de sucesivos organismos regionales. Ahora ha decidido elevar sus demandas ante Naciones Unidas. La postura argentina es, independiente de la justicia  de sus reclamaciones, presentarse como la víctima de un poder colonialista que emplea la fuerza con actitudes belicistas. Allí está su llamado  al  Primer Ministro británico,  evocando la canción  “give peace a chance”  de John Lennon,   “Quiero pedirle al ministro inglés David Cameron que, por una vez, le den una oportunidad a la paz y no a la guerra”.  La nuevo del reclamo argentino  es demostrar como lo señaló la mandataria que el Reino Unido con el despacho del  HMS Dauntless está “militarizando el Atlántico Sur una vez más, no podemos interpretarlo de ninguna otra manera”. Así enarboló una  bandera respetada y con gran adhesión: “Nuestra causa es también la causa de todos los países latinoamericanos y de los estados que están en contra del colonialismo”.

 

Los británicos, por su parte, recuerdan que debieron fortificar las islas a causa del ataque sorpresivo de Argentina en abril de 1982. Señalan que luego de la sangre derramada en las islas no hay condiciones políticas para negociar las islas. Londres repite que la última palabra la tienen los kelpers, los habitantes de las islas, y si ellos desean mantener su autonomía Gran Bretaña asegurará que dicha voluntad sea respetada.

La campaña diplomática argentina, en la que se subraya la exclusión de medios militares, será necesariamente de largo aliento. Los británicos, que mas allá de los argumentos legales realizan exploraciones petroleras y tienen un ojo puesto en la Antártica,  no abandonarán bajo circunstancia alguna las islas. Henos, pues, ante un conflicto que tendrá muchos capítulos.  

 

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