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Armas atómicas en América Latina

February 13, 2012

 

Una denuncia de grueso calibre: “La información que tiene Argentina es que ellos (los británicos) han introducido armas nucleares en el Atlántico Sur y no es la primera vez”. Fueron las palabras  de Héctor Timerman,  el canciller argentino, la semana pasada en Naciones Unidas. El ministro puntualizó que ello es una violación del Tratado de Prohibición de Armas Nucleares en Latinoamérica, más conocido como de Tlatelolco, que data de 1967.  El acuerdo prohíbe la posesión, ensayo o despliegue de armas atómicas en los países de la región y sus aguas territoriales. El ingreso de submarinos nucleares o buques con armamento atómico constituye, en principio, una violación del tratado.

 

En rigor es muy improbable que las autoridades argentinas sepan, a ciencia cierta, si el submarino nuclear de la clase Trafalgar que ha sido despachado en dirección a las Malvinas dispone de armas atómicas. Ello por la simple razón que la Royal Navy, al igual que otras armadas que disponen de estas armas, guardan el más  absoluto secreto  sobre si alguna de ellas  se encuentra a bordo de una de sus unidades. Es parte de la política disuasiva señalan, en forma conveniente,   los portadores de estos ingenios bélicos  para evitar todo escrutinio. 

Es un hecho que las armas atómicas,  por sí solas,  son perfectamente inofensivas. No pueden utilizarse sin una plataforma que las lleve  al blanco. Se habla de sistemas de armamentos porque para operarlos al menos existen dos componentes básicos: la plataforma y la carga destructiva. Las plataformas son los aviones, buques, submarinos o cohetes que transportan la cabeza nuclear o convencional. ¿Cuál es más importante? Las dos por igual,  porque una no funciona  sin la otra. Equivale a decir que una pistola no es un arma, pues vendría a ser la plataforma,  y que  solo lo son las balas, que son la parte explosiva.  Por eso el sentido común —para muchos el menos común de los sentidos— indicaría que una prohibición de desplegar  armas atómicas en el conjunto de América Latina, significa que plataformas y ojivas están vedadas. Pues no. Los  submarinos  nucleares se pasean por los mares del mundo y, de tanto  en tanto, ingresan a puertos latinoamericanos con el argumento de que los navíos son meras plataformas y que, como tales, no constituyen un arma. El submarino atómico Conqueror de la Royal Navy hundió al crucero argentino Belgrano durante la guerra de las Malvinas en 1982. Lo hizo con torpedos convencionales pero la plataforma operaba con propulsión nuclear.

América Latina debería aprovechar las denuncias argentinas para acordar la prohibición total de buques de guerra a propulsión atómica y, además, condicionar el ingreso de naves convencionales a sus aguas territoriales  a que  no carguen armas nucleares. 

 

 

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