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La sombra de Fukushima

March 10, 2012

Japón, a un año del desastre de Fukushima,  cavila sobre su futuro energético. La tercera potencia industrial del mundo enfrenta un dilema ante el cual no ha encontrado una respuesta aún. La seriedad de la situación está a la vista: 52 de los 54 reactores electronucleares, que producen un tercio de la electricidad,  están cerrados El conjunto de las plantas son sometidas a revisiones y exámenes de estrés.  Las certezas  de una nación orgullosa de sus logros tecnológicos han  sido sacudidas hasta sus raíces. La arrogancia ingenieril, que a menudo linda en el hubris,  lleva a pensar que los errores se comenten en otros países. Ello pese a la industria nuclear nipona tiene un largo historial  de errores y ocultamientos de incidentes.

El mantra de los gobiernos ante el peligro suele ser que todo está bajo control. Las autoridades japonesas lo repitieron a todo lo largo de la crisis desatada en el complejo de seis reactores en Fukushima Daiichi. Ahora luego de acuciosas investigaciones,  ha salido a la luz que incluso se consideró la evacuación de Tokio. Claro  que el gobierno no podía siquiera insinuarlo sin correr el riesgo de un masivo éxodo de la capital. El escenario contemplado exigía sacar a toda la población en el radio de 250 kilómetros en caso de una fuga radioactiva masiva. En todo caso pese a los múltiples fallos de planificación y procedimientos sobresale el notable temple y estoicismo de la población.

En estos momentos el Primer Ministro  Yoshihiko Noda, que es partidario de terminar con la energía nuclear en el largo plazo,   ha llamado a activar los reactores cuanto antes. Pero consciente de la oposición pública, y como corresponde en una sociedad democrática, ha señalado que ello debe hacerse con la aprobación de las diversas comunidades.  Los mayores adversarios de las centrales atómicas  están en las prefecturas rurales  pues los agricultores de la región afectada  han resultado muy perjudicados. Los japoneses se cuentan entre los consumidores más exigentes en cuanto a la calidad de sus alimentos. En consecuencia hoy ya no bastan las garantías oficiales sino que  exigen certificados que acrediten que están libres de todo rastro de radiación.

Tímidamente en distintos países se busca relanzar la energía nuclear.  No es claro que ocurrirá en Japón. De hecho el país tenía planes para construir 14 nuevos reactores para el año 2030. En estos momentos el cuadro es poco auspicioso para Tokio pues su factura por importaciones de petróleo y gas se ha disparado para poder reemplazar los reactores paralizados. Por primera vez en 31 años Japón registró, en 2011,  una balanza comercial negativa en la cual los combustibles gravitaron con fuerza. La esperanza para los japoneses radica en su notable disciplina que les permitirá llevar a cabo fuertes campañas de ahorro y  uso eficiente. Además es un país con una formidable  base industrial y sobresaliente capacidad tecnológica. Por lo tanto cabe esperar una contribución mayor  al desarrollo de las energías renovables no convencionales. Algo que hoy muchos nipones debe lamentar por  no haberlo hecho antes.  Pero, como se suele decir, la necesidad crea el órgano.

 

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