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Egipcios deben optar ante el mal menor.

May 30, 2012

La primera vuelta de las elecciones presidenciales fue un golpe amargo  para los reformistas que tumbaron la dictadura de Hosni Mubarak. Los vencedores, que disputaran los comicios definitivos, son los representantes del antiguo régimen dictatorial y los fundamentalistas islámicos de la Hermandad Musulmana.  Ahmed Shafik, que obtuvo 23,3 por ciento de los votos , fue comandante en jefe de la fuerza aérea entre 1996 y 2002 y en el área política se desempeñó como el último  Primer Ministro de Mubarak. Por su parte,  Mohamed Morsi, que consiguió 24,3 por ciento de los sufragios representa a los islamistas que hoy ya gozan de una mayoría parlamentaria. Los candidatos partidarios de una democracia laica y progresista, los que impulsaron la llamada primavera árabe, desperdiciaron su chance pues dividieron sus votos entre dos candidatos que obtuvieron la tercera y cuarta mayoría. Si hubiesen  unificado sus esfuerzos habrían logrado la primera mayoría y disputarían la segunda vuelta el 16 de junio.

Los militares que ejercen el poder efectivo  no se han pronunciado sobre cuáles serán las atribuciones exactas del Presidente. Un asunto que no asunto que no será dirimido hasta después de las elecciones. Los uniformados son viejos enemigos  de la Hermandad,  a la cual han reprimido por décadas. En consecuencia favorecen a Shafik y si  ganase le brindarán amplios poderes. En cierta forma será la continuación del régimen de Mubarak que disponía de amplias facultades discrecionales que eran empleadas por el Ministerio del Interior y los servicios de inteligencia.

Buena parte del resto del electorado,  que representa casi  60 por ciento de los votantes, ha quedado en la incómoda posición de elegir el mal menor. En un lado de la balanza Shafik da  garantías de secularismo.  Así por ejemplo los coptos, los católicos egipcios que representan alrededor de diez por ciento de la población,  se sentirán inclinados a votar por Shafik, pues temen a la intolerancia de la Hermandad. Lo mismo ocurrirá con un porcentaje de las mujeres que rechazan el velo islámico y las rigurosas vestimentas impuestas por la tradición fundamentalista.    Pero un sector de los que aborrecen la dictadura militar,  que ha imperado en el país desde 1952 cuando los militares depusieron al monarca, podrían inclinarse por los islamistas.

 

De momento, en todo caso,  la última palabra la tienen los altos mandos militares pues las reglas del juego político, léase la Constitución, no han sido siquiera redactadas. Mucha agua correrá por el Nilo antes que la nación decana del mundo árabe logre la estabilidad a que aspiran los egipcios.

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