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La era de los brazaletes electrónicos

June 18, 2012

Chile está entre los países con las mayores tasas de personas encarceladas por habitante. Por ello los esfuerzos para reducir la población carcelaria son encomiables. Ello, en primer lugar, para el beneficio de transgresores primerizos que quedan expuestos al abuso y el aprendizaje de la criminalidad tras las rejas. Las autoridades están en vías de implementar nuevas medidas para evitar el encarcelamiento, pero mantener el control sobre los infractores, mediante la obligación del porte de brazaletes o tobilleras que permiten monitorear sus desplazamientos. Estos dispositivos son considerados eficaces para individuos condenados por violencia intrafamiliar o acoso sexual.
El gobierno británico, sin embargo, viene de publicar un vasto estudio sobre la efectividad de estos sistemas de localización electrónica. Los resultados son decepcionantes pues más de la mitad de los portadores de los dispositivos no cumplió con las condiciones impuestas. 59 por ciento violó las restricciones que les limitaban a no salir más allá de un radio establecido. Otros no respetaron los toques de queda que les obligaban a permanecer en sus lugares de residencia.
Según el ministerio de Justicia británico en la actualidad en el país hay más de 20 mil transgresores sometidos a vigilancia electrónica mediante brazaletes o tobilleras. El control o monitoreo es llevado a cabo por empresas privadas que se limitan a informar de los casos de violación de las restricciones. En la abrumadora mayoría de los casos aquellos que exceden los límites no reciben sanciones. Ello ha llevado a algunos parlamentarios a cuestionar la efectividad y la confianza del público en el sistema de vigilancia electrónica. Como se han experimentado crímenes, incluido un homicidio, por parte de individuos bajo vigilancia electrónica surgen dudas sobre la protección efectiva que reciben las víctimas potenciales. En el Reino Unido ya surgen voces que exigen la vuelta al tradicional encierro como el método más eficaz para confinar a elementos antisociales.
En todo caso es claro que en Gran Bretaña o en Chile los brazaletes o las tobilleras por si solas no son una solución. El apoyo e inserción social de los transgresores requiere de una inversión en su bienestar. Ello será un beneficio directo para ellos y de todas formas representa un gran ahorro para el conjunto de la sociedad. En primer lugar se evitará el dolor y el trauma de nuevas víctimas. Luego, es más económico y efectivo ayudar a elementos anti sistémicos en el seno de la comunidad que mantenerlos segregados por años en prisiones hacinadas con las consecuencias que ya se conocen.

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