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La amenaza paraguaya

June 25, 2012
Los gobiernos sudamericanos reaccionaron con fuerza   ante la destitución del Presidente paraguayo Fernando Lugo. Algunos   observadores incluso contrastaban la indignación regional con la aparente   calma que imperaba en las calles de Asunción.    Brasil, Argentina, Venezuela, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia  y Perú señalaron el domingo su “más   enérgica condena a la ruptura del orden democrático acaecido en la República   del Paraguay, por no haberse respetado el debido proceso”. Por lo pronto  Federico Franco, hasta hace poco   vicepresidente y ahora juramentado en reemplazo de Lugo, no será recibido en   la cumbre del Mercosur que tendrá lugar en la vecina  Mendoza el 28 y 29. Lugo anunció que   asistirá al encuentro.La unanimidad y   vehemencia  del rechazo a la arbitraria   destitución de un gobernante democráticamente electo  refleja los temores que persisten en muchos   países. Evo Morales, en  Bolivia, y   Rafael Correa, en Ecuador, han enfrentado respectivas amenazas golpistas.    Pero la   inseguridad sobre el futuro del sistema democrático está presente en toda la región.

Para destituir a   Lugo se invocó el enfrentamiento ocurrido en Curuguaty en el cual murieron   once campesinos y seis policías. Un hecho sobre el cual existen versiones   encontradas y que ameritaba una investigación para establecer culpas. Ella no   tuvo lugar y con una celeridad desconocida en el parlamento paraguayo, en tan   solo 24 horas, fue cesado en sus funciones el primer mandatario. Se argumentó   además que su popularidad había decrecido de manera notoria. Si este fuese un   criterio para interrumpir los mandatos serían muchos los que verían sus   presidencias amenazadas.

Lugo, por su parte, incurrió en una serie de   errores a lo largo de sus cuatro años de gobierno. Quizá el más grave fue   prometer  una reforma agraria que no   vio la luz. Ello en un país donde las expectativas son enormes y, en   consecuencia, también lo es la frustración como quedó demostrado en los   trágicos hechos de Curuguaty.  Tan solo   uno por ciento de los propietarios dispone de 77 por   ciento de las tierras productivas en tanto    40 por ciento de los agricultores poseen apenas  uno por ciento. 351 latifundistas   tienen  9,7 millones de hectáreas. Hay   alrededor de  300 mil campesinos sin   tierra.  De los 6,5 millones de   paraguayos 53 por ciento vive en la pobreza y 19,4 en la extrema   pobreza.

El proceder de Lugo en las horas álgidas de   su destitución fue errático. Un grupo de dirigentes campesinos le consultaron   sobre cómo proceder y le ofrecieron    movilizar sus organizaciones. Se le atribuye haber respondido: “Yo no soy Allende, me voy a mi casa”. Sin embargo,   cuando ya había perdido el mando recuperó la compostura y denunció era víctima   de un “golpe de Estado parlamentario” y   que el gobierno de Franco carece de legitimidad. Quien gobierna  Paraguay solo le corresponde decidirlo a   los paraguayos. A los latinoamericanos les corresponde velar porque la   voluntad soberana de los pueblos sea respetada.

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