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Siria en guerra

July 17, 2012

En Siria se libran  varios combates simultáneos. La narrativa occidental presenta la insurrección contra el régimen de Bachar el Asad como una lucha por la democracia.  Algo de ello hay en el levantamiento contra una dinastía que gobierna el país, entre padre e hijo,  con mano de hierro desde los 70. Pero el interés primario occidental no es humanitario ni tiene por meta central lograr un gobierno democrático. Lo que está en juego es la hegemonía política en el Medio Oriente y la Siria de los Asad es una aliada histórica de Rusia ( y antes de los soviéticos) además de mantener una estrecha colaboración con Irán. Conseguir un cambio de régimen en Damasco debilitaría el protagonismo ruso y, más importante, sería un golpe clave para cerrar el cerco contra Irán, nación estigmatizada en estos días como el mayor enemigo de Occidente.

En el interior del país el cuadro no es tan nítido como lo quisiera Occidente. Los opositores que luchan, armas en mano,  contra el gobierno sirio no han logrado fraguar una dirección coherente y unificada.  Las discrepancias  no surgen de un debate sobre el sistema político a implantar. Los desacuerdos provienen de las divisiones étnicas y religiosas. Hasta cierto punto es posible decir que el régimen de Asad es una alianza de las minorías contra la mayoría sunita. De allí que países con gobiernos conservadores sunitas, como Arabia Saudita y Catar, están proveyendo fondos y armas para sus correligionarios sirios. Del lado de la minorías destacan los alauitas que suman alrededor de 12 por ciento de la población. Los Asad y el grueso del cuerpo de oficiales pertenecen a esta corriente que es una variante del chiísmo que gobierna en Irán e Irak. Cabe recordar que  la sangrienta guerra civil librada por sunitas  y chiítas iraquíes, tras la invasión norteamericana en 2003,  dejó decenas de miles de muertos. Saddam Hussein era un sunita que persiguió a sangre y fuego a los chiítas. Otra minoría que teme que ocurrirá si cae Asad son los cristianos que suman más de 10 por ciento de los 22 millones de sirios, lo mismo ocurre con los drusos, los asirios y los kurdos.

En lo que toca a los sunitas, que constituyen 70 por ciento de la población, no son un grupo monolítico. Algunos están incorporados a las fuerzas armadas y son ellos los que han protagonizado el mayor número de deserciones. Muchos aspiran a una sociedad secular y democrática. Pero la fuerza motriz de la rebelión y la mayor organización corresponde a los Hermanos Musulmanes  que por décadas, y sometidos a una feroz represión, han luchado contra el gobierno. Los Hermanos ganaron el Parlamento  y la presidencia en Egipto con Mohamed Mursi. Además están bien implantados entre los palestinos a través de Hamas que gobierna la Franja de Gaza.

El gran peligro para los sirios es que el país se convierta en un campo de batalla   en el que se enfrenta Occidente con Irán. Mientras que en el plano interno se libra una lucha fratricida como la vivida por Irak y también el Líbano. El  resultado de este conflicto es incierto. Occidente quiere un mandato Naciones Unidas para imponer las resoluciones del organismo internacional. Rusia y China después de lo ocurrido en Libia se niegan a dar luz verde. Señalan que de una resolución que vedaba los vuelos de aviones militares libios se pasó a un bombardeo metódico de dicho país. En consecuencia las negociaciones diplomáticas están estacadas. Entretanto en Siria la situación empeora a medida que pasan los días.

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