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El fin del viejo Medio Oriente.

July 20, 2012

La vieja arquitectura del Medio Oriente se desmorona. Los dos pilares árabes tradicionales  de la región viven profundos sacudones políticos. Egipto fue por muchos años el país decano de la región. Por su gravitación política y militar, además de demográfica, se solía decir que solo El Cairo podía enfrentar a Israel. Le seguía Siria, que si bien no tenía la capacidad de tomar la iniciativa,  contaba con una suerte de derecho a veto sobre los desarrollos en la región. Ambos países fueron gobernados por largas décadas por rígidas dictaduras incapaces de satisfacer las demandas sociales de sus pueblos.

Siria vive momentos cruciales. El régimen de Bachar el Asad no será derrotado militarmente. Los insurrectos del Ejército Sirio Libre pueden asestar golpes formidables como el atentado terrorista que mató a cuatro personajes claves del círculo de hierro de Asad, incluido Daud Rajha, el ministro de Defensa, que dicho sea de pasada era cristiano y ocupaba el cargo de gobierno más importante de dicha comunidad.  Los rebeldes han mostrado que son capaces de copar algunos barrios de la capital y ocupar localidades fronterizas así como manifestarse en varias ciudades. Pero de allí a derrotar a las fuerzas armadas regulares hay un largo camino. La única  esperanza de un cambio de régimen rápido, proveniente desde el propio país, sería un golpe de estado.

Occidente junto a países árabes conservadores como  Arabia Saudita y Catar han jugado un papel protagónico en la desestabilización del régimen de Asad. Por los antecedentes históricos cabría presumir que los grandes beneficiarios de la caída de su gobierno serán los islamistas de la Hermandad Musulmana. En Egipto los islamistas de la Hermandad y los salafistas, una versión aún más extrema de religiosidad, acapararon más de dos tercios de los votos populares en las últimas elecciones. Está a la vista que en toda la región incluido Túnez y Libia, aunque en este último país los sectores seculares están a la cabeza de los comicios,  los islamistas emergen como una fuerza dominante o decisiva. Es hasta cierto punto una reiteración de lo ocurrido en Irán donde tras la dictadura del sha las fuerzas teocráticas se hicieron del poder. En dicho país ha quedado de manifiesto que los partidarios del Islam político, sean chiítas o sunitas, son tan poco afines a la democracia occidental como los militares o los monarcas que han impuesto su voluntad por generaciones. La diferencia más evidente entre el viejo Medio Oriente y el que emerge es que el antiguo orden era previsible. Hoy la tónica son la inestabilidad y la incertidumbre. En estas circunstancias es difícil vaticinar a quien convienen y a quien perjudican los cambios en curso. Lo seguro es que el caos es una pesadilla para la gran mayoría de los sufridos pueblos árabes. 

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