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Olimpiadas y política internacional

July 30, 2012

Los estados nunca descansan en su afán de ampliar el alcance de su poder. Lo hacen, en primer lugar,  a través de los medios convencionales, también llamados duros, como lo es el poder militar y el económico. A mayor capacidad  bélica y potencia económica más significativa suele ser la gravitación en la arena internacional.  Pero no basta con la fuerza de las armas y la economía. Los que manejan los asuntos de estado reconocen, desde hace mucho, el papel clave de la aceptación, de la importancia de la legitimidad, de ganar la simpatía pública mundial.

La pugna por la supremacía en el campo de las ideas, también conocida como la lucha ideológica, es determinante.  Las mejores armas sirven de poco si quien las empuña no tiene la convicción de batirse con ellas. La Guerra Fría fue un campo de batalla en que chocaron de manera frontal el campo capitalista con el socialista. Mientras los primeros enarbolaban las banderas de la libertad y la acumulación de riquezas  los segundos reivindicaban la justicia social y la solidaridad. En esos tiempos los Juegos Olímpicos eran una extensión de la  competencia entre Este y Oeste por la supremacía. El medallero olímpico era exhibido casi como una prueba de las ventajas de uno u otro sistema.

En los tiempos actuales, con la desaparición de los polos ideológicos y militares, las olimpiadas mantienen, pese a todo, su carácter competitivo mucho más allá de lo deportivo. No solo es cuestión de correr más rápido o saltar más alto. La proyección de poder sigue vigente. Se trata, en este caso, de lo que se ha dado en llamar el poder blando. Es el ámbito de la cultura, el arte, el deporte y, muy importante, la gravitación lingüística. El idioma dominante en cada época indica cual es la potencia hegemónica. En la disyuntiva sobre cuál es en definitiva el factor clave Napoleón escribió: “A la larga, siempre el espíritu vence al sable”.

Gran Bretaña aprovechó la apertura de los juegos  para recordar al mundo algunas de sus contribuciones a partir de la Revolución Industrial. Londres optó por lo punk antes que por la pompa. Así proyectó sus iconos pop como Bond, Mr Bean y Harry Potter. Amén de los Beatles  y una cantidad de bandas populares. Lo mismo hizo España, Grecia y en especial China en sus respectivos juegos. Sin duda Brasil hará otro tanto en 2016. En cuanto al medallero olímpico es inevitable que los países busquen la mayor representación posible. Como ha quedado demostrado en juegos anteriores hay una relación directa entre la inversión de los estados en los deportes y las medallas conseguidas. Hay, pues, un nexo que permite decir que también  el deporte es una extensión de la política por otros medios.

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