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El tráfico asfixia a las ciudades.

August 10, 2012

El número de ciudades atochadas por el tráfico, y saturadas por gases como el CO2,  crece sin cesar.  En algunos casos la situación ya es preocupante e incluso alcanza niveles críticos a ciertas horas del día. Pero si la tendencia actual continúa las cosas serán muchísimo peor aún. En el mundo hoy circulan por las calles unos 800 millones de automóviles.  Basta con imaginar qué pasará cuando esta cantidad se triplique. Sí, porque para el 2050 se anticipa que habrá unos 2.500 millones de autos.  El grueso del aumento tendrá lugar en los países en desarrollo. Los mercados de naciones industrializadas, como Estados Unidos y Japón,  ya están altamente motorizados.

En estos tiempos de crisis económica todos los estados  buscan mantener los empleos. Con esta meta varios gobiernos subsidian en forma generosa a  empresas automotrices. Pese a ello la banca multilateral ha dispuesto crear un fondo de 175 mil millones de dólares para inversiones, en el curso de la próxima década, destinadas a sistemas sustentables de transporte.

Hay poca conciencia sobre el impacto negativo de los sistemas viales.. Cada año mueren del orden de 1,2 millones personas en accidentes de tráfico. De este total 90 por ciento perece en países menos desarrollados entre los que se cuenta Chile. Los santiaguinos al menos están conscientes de la alta  contaminación. A nivel mundial el tráfico es la fuente de más veloz incremento  de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, las  causantes del calentamiento global.  Se vaticina que el rodado incrementará en 300  por ciento las emisiones de CO2 de aquí al 2050.

El crecimiento de las ciudades, con los más pobres viviendo en la periferia urbana, fuerza a grandes sectores de la población a realizar viajes en  vehículos. Ello conlleva congestión que es sinónimo de tiempo. Se calcula que los limeños destinan, en promedio, cuatro horas diarias a bordo de algún sistema de transporte. En Santiago el  estudio “Medición de tiempos de viaje urbano” comparó distintos vehículos en un recorrido de 7 kilómetros. El resultado fue que un bus tardó 59 minutos, un auto 49  y una bicicleta cubrió el trayecto en 29 minutos. Son datos que explican el  explosivo aumento de los ciclistas. El santiaguino promedio invierte unas 3 horas diarias a bordo de algún medio de transporte. Santiago vivió una experiencia traumática con la imposición del Transantiago. Fue un acto autoritario, al mejor estilo del despotismo ilustrado,  que sin mediar consultas alteró de manera drástica la vida de los capitalinos. La lección ha de ser que es crucial abordar los problemas  de la circulación por la capital con participación ciudadana. Involucrar a los ciudadanos no es un proceso fácil,  ni rápido. Pero cuanto mientras más masivo y cuanto  antes se comience mayores garantías habrá de soluciones aceptables.

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