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La necesaria inviolabilidad de las embajadas.

August 19, 2012

Londres, en su afán por deportar a Julian Assange, fragilizó un pilar de las relaciones internacionales. Al insinuar la posibilidad de enviar a la policía a capturarlo al interior de la embajada ecuatoriana en la capital británica, el gobierno de David Cameron cuestionó la inviolabilidad de las dependencias diplomáticas. Con ello ha sido afectado un principio que permitió a miles de latinoamericanos huir de la tortura y la muerte.  En consecuencia se ha tocado un nervio vivo de la sensibilidad de quienes han vivido bajo regímenes dictatoriales.

Assange, australiano y el líder de Wikileaks  que publicó miles de cables secretos de la diplomacia estadounidense,  está en el ojo de la tormenta. El representa cosas distintas para las  partes involucradas en el  caso. Para Rafael Correa, el Presidente ecuatoriano y los seguidores de Wikileaks,   es un campeón de la libertad de expresión. Para la fiscalía sueca, que en agosto 2010 pidió su detención en Inglaterra, es un prófugo que debe responder por acusaciones de abusos sexuales contra dos mujeres. El acusado niega semejantes imputaciones  y teme que si compareciese ante tribunales suecos podría terminar extraditado a Estados Unidos donde cree que será acusado por espionaje.  Si así fuese le espera una larga condena.

En su empeño por evitar la deportación de Assange a Suecia sus abogados apelaron a todas las instancias de la justicia británica. Los alegatos no prosperaron y la Corte Suprema dictaminó que debía comparecer en Estocolmo. Para Londres el caso estaba cerrado. Pero su ingreso a la embajada ecuatoriana hace dos meses y la solicitud de asilo abrió un nuevo episodio.

El Foreign Office advirtió al gobierno ecuatoriano que no daría un salvoconducto para la salida de Assange si le concedían el asilo. Incluso fue más lejos y, según  Ricardo Patiño, el ministro de Relaciones Exteriores ecuatoriano,  se  le señaló que ciertas disposiciones legales permitían el ingreso de la policía a la embajada para detenerlo. Al respecto, en el Reino Unido están divididas las opiniones sobre la legalidad de semejante acción.

No es claro cuan explicita fue la amenaza de Londres pero es suficiente que la haya insinuado, aun en forma oblicua, para causar la mayor inquietud. Más allá de la interpretación de textos legales, un país democrático que destaca por  su respeto al derecho ha impugnado algo que hasta ahora incluso regímenes dictatoriales se abstuvieron de cuestionar.  Relativizar el  derecho al asilo y  la  inviolabilidad de las embajadas es un antecedente que mañana podrá ser invocado por tiranos de toda laya. Decenas de miles de latinoamericanos han escapado,  por la vía del asilo, de las numerosas dictaduras que han asolado la región. Los exiguos terrenos “soberanos” de las  embajadas fueron santuarios que salvaron las vidas de innumerables fugitivos. Dictadores sanguinarios han entregado salvoconductos a personas acusadas de situaciones bastante más serias que las que pesan sobre Assange.

El Foreign Office, en su determinación por capturar  a Assange, minó un principio que tenía el rango de tabú en las relaciones internacionales.  Hay una desproporción enorme entre los medios empleados  y los fines buscados.  La  diplomacia británica tiene una bien ganada reputación de pragmatismo. Este, por desgracia,  no es el primer caso en que  ha resultado más perseguido el denunciante del crimen que quien lo comete.

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