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Una ópera china en la cumbre del poder político.

August 21, 2012

Bogu Kailai es condenada a muerte por asesinar al británico  Neil Heywood. La sentenciada sabe  que la pena es remitida y que, como máximo,  cumplirá 14 años tras las rejas  y probablemente menos. En una coreografía penal que evoca la era del estalinismo Kailai agradece: “El veredicto es justo y refleja un respeto especial hacia la ley, la realidad y la vida”.  Así concluye el caso por el envenenamiento del empresario  Heywood que presuntamente la había chantajeado con divulgar operaciones de lavado de dinero. Según versiones de prensa  Kailai pidió al británico que le ayudara a sacar ilegalmente de China una  gran suma de dinero y cuando ella no quiso  pagarle una  elevada comisión  Heywood amenazó con revelar  la trama.

En el ajedrez político de Beijing ha caído la reina y es hora para la jerarquía comunista para dar el jaque al rey. Kailai es la esposa de Bo Xilai, ahora caído en desgracia y mantenido fuera del ojo público, que aspiraba a formar parte del  todo poderoso Comité Permanente del Buró Político.  Bo  se desempeñaba como secretario del Partido Comunista   de la municipalidad autónoma  Chongquing, desconocida para muchos en Occidente,  pero que es  la mayor conurbación del país con más de 30 millones de habitantes. Allí Bo, desafiando la estricta ortodoxia partidaria, creó su propia base de poder político. Su popularidad creció luego de una  exitosa  campaña contra la corrupción. Para ello acuñó la consigna con colores elocuentes para sus compatriotas: “Soñar rojo (los ideales comunistas) y golpear el  negro ( que alude al ataque contra la mafia).  Bo lanzó además una serie de medidas para atenuar el creciente abismo social chino. En este contexto solía invocar a  Mao Tse Tung, que si bien es un icono nacional, fue postergado del  pensamiento político dominante desde el ascenso de Deng Xiaoping, en 1982, el arquitecto de la exitosa modernización del país.

China nombrará a su máxima dirigencia partidaria y gubernamental a finales de año. Todavía se desconoce la fecha definitiva del 18avo congreso del Partido Comunista que reemplazará a los dirigentes que han regido el país durante la última década. La línea dominante es partidaria de reformas económicas  y una mayor apertura de mercado. El desbancado Bo, en cambio,  favorecía, al menos en teoría,  un rol más firme del estado para asegurar más equidad.

Más allá de los debates y pugnas, de la cúpula política, el verdadero reto que aguarda a las autoridades chinas es  satisfacer las demandas de cientos de millones de trabajadores que se integran a una clase media emergente,  así como otros tantos millones de campesinos postergados.  Todo indica que los nuevos gobernantes seguirán por la ruta actual sin grandes golpes de timón.

 

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