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Colombia busca la paz.

August 29, 2012

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el gobierno colombiano han intentado, ya varias veces,  acabar con medio siglo de enfrentamiento. Ahora el Presidente Juan Manuel Santos anuncia que se realizarán, en Noruega,  conversaciones con la organización insurgente con vistas a establecer la paz.  La balanza del poder político y militar se inclina con mucho a favor del oficialismo. Unas fuerzas armadas  y policía, muy fortalecidas en hombres y equipos, han asestado duros golpes a los irregulares que han perdido la iniciativa militar.  El respaldo brindado a Bogotá por Estados Unidos, a través del “Plan Colombia”,  ha surtido efecto. Desde el año 2000 Washington  ha inyectado unos seis mil millones de dólares para el desarrollo de la guerra contra las FARC y Ejército de Liberación Nacional  (ELN). Santos, en todo caso, advirtió que entran a las negociaciones con mano dura: no habrán indultos, zonas de despeje o santuarios  para los guerrilleros y los responsables de crímenes de lesa humanidad deberán comparecer ante la justicia.

En el plano internacional la diplomacia estadounidense ha brindado pleno respaldo a la iniciativa negociadora. Victoria Nulan,  vocera del Departamento de Estado, señaló: “Le damos la bienvenida a los esfuerzos para poner fin a este extenso conflicto y que llegue la paz duradera en Colombia”. Hay también otros estados que siguen de cerca el proceso y han brindado sus servicios. En marzo Santos realizó un viaje  relámpago a Cuba y ha mantenido contactos sobre el tema con Venezuela.

Nadie duda que la paz beneficie a todos los colombianos. Sin embargo, los escollos para llegar a buen puerto son mayores. En el país hay tres millones de personas desplazadas por el conflicto. Grandes extensiones de tierras han sido usurpadas por fuerzas paramilitares ligadas a narcotraficantes. Revertir este proceso y asegurar las propiedades a sus legítimos dueños no será fácil. También los militantes de las fuerzas guerrilleras querrán acceso a tierras y, lo más importante, exigirán garantías efectivas para su integridad física.

Todavía está fresca la memoria de lo ocurrido, en 1982,  cuando el gobierno del Presidente Belisario Betancur promovió  una apertura política que contemplaba una amnistía. El viraje fue bien recibido por los insurgentes y se esbozaron negociaciones que fueron muy resistidas por las fuerzas armadas.  Las FARC realizaron un esfuerzo de reinserción política a través de un brazo político, la Unión Patriótica (UP). El experimento fue un absoluto fracaso pues los militantes de la UP, que incluía a guerrilleros desmovilizados, fueron asesinados en forma masiva. Elementos paramilitares y no identificados,  el eufemismo para aludir a militares y fuerzas del Estado, mataron a más de dos mil militantes de la UP.

 

Habrá que seguir con atención la marcha de un proceso que será largo y

tortuoso. Como dicen los colombianos “negociarán dándose plomo”. Pero si el éxito corona los esfuerzos Colombia habrá salvado uno de los mayores obstáculos para su desarrollo.

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