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Fricciones entre China y Japón

September 28, 2012

Cinco islotes deshabitados han desatado una aspaventosa pugna entre Japón y China.  Como corresponde cada país los llama  por diferentes nombres; para los chinos son las islas Diaoyu, para los japoneses son las Senkaku y para los taiwaneses, que también las reivindican, son las Diaoyutai. Hasta hace poco las reclamaciones sobre las  diminutas islas estaban dormidas.  Pero en abril  Shintaro Ishihara, el gobernador de Tokio y un prominente nacionalista que algunos han acusado de racista, propuso comprar tres de las islas que eran de propiedad de un ciudadano nipón. El gobierno japonés,  para no verse superado,  tomó la iniciativa  y adquirió los islotes.

La respuesta china no tardó. En agosto un grupo de activistas navegó desde Hong Kong para clavar sus banderas en los disputados territorios.  Los guardacostas nipones removieron a los manifestantes y los enviaron de vuelta a casa. Pero para entonces ya se habían inflamado los ánimos. En numerosas ciudades chinas se desarrollaron manifestaciones anti japonesas con quema de autos de marcas niponas y llamados a no comprar sus productos.

En China no es necesario que el gobierno agite los sentimientos para que aflore el rechazo hacia Japón. Las cicatrices de las atrocidades cometidas durante la  ocupación del ejército imperial durante la Segunda Guerra mundial no  han cerrado aún.  En la  memoria histórica de los chinos está grabado lo que llaman “la violación de Nanking” ocurrida en diciembre de 1937. Allí las  tropas del emperador Hirohito asesinaron en pocas semanas a unas 300 mil personas. La masacre fue ejecutada con la mayor crueldad,  los oficiales realizaban competencias para mostrar la mayor habilidad en el manejo de sus sables para  decapitar ciudadanos chinos.

Luego de las movilizaciones recientes Beijing decidió cancelar las ceremonias, que debían realizarse a finales de septiembre, que conmemoraban los 40 años de la normalización de las relaciones entre ambos países. Japón, a diferencia de Alemania, no ha reconocido en forma plena los crímenes cometidos bajo el régimen de militarismo fascista que impero en la década de los 30 y culminó con la invasión a China. Todavía ciertas autoridades rinden honores a militares que son considerados criminales de guerra. Alemania prefirió ceder territorios en disputa con Polonia antes que reabrir la  odiosa memoria de las atrocidades cometidas durante la ocupación de dicho país.

A veces, con cierto cinismo, se suele  decir que los países no tienen relaciones internacionales sino que solo intereses domésticos. En este caso tanto Beijing como Tokio enfrentan cambios políticos y elecciones a corto plazo. Al gobierno chino no le viene mal cierta distracción externa en medio de un proceso de cambio de autoridades que ocurre una vez cada diez años. También en Japón hay fuerzas políticas nacionalista interesadas en echar leña al fuego del chauvinismo. De momento es un juego que ambos gobiernos mantienen bajo control y es de esperar que siga así.

 

 

 

 

 

 

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