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Lucha de poder en China.

October 2, 2012

Los hijos de los dirigentes que condujeron la Revolución China son llamados príncipes. Pese a que en el socialismo no debería gravitar la cuna, en el  capitalismo se habla de los niños que nacen con una cuchara de plata en la boca,  es un hecho que en un sistema y otro el nepotismo goza de buena salud.

Bo Xilai figuraba en el puesto 25 de la jerarquía comunista china. Es el hijo de Bo Yibo uno de los generales que combatieron hombro a hombro junto a Mao Tse Tung. Su poder fue enorme pues formaba parte de los “los ocho inmortales”  que definieron el curso de la china post revolucionaria.  Por ello la expulsión de Bo Xilai del Partido Comunista ha generado fuertes turbulencias. La caída de una de las estrellas ascendentes ocurre en momentos que el partido prepara su 18 avo congreso, donde serán nombradas las autoridades que regirán el país en la década venidera.

Bo había logrado gran popularidad en sus campañas contra la corrupción y el tráfico de influencia en Chongqing, una ciudad de más de  35 millones de habitantes. Bo desarrolló un perfil de político independiente que apelaba a las tradiciones revolucionarias y al propio Mao. Es difícil discernir hasta qué punto, el ahora marginado dirigente, encarnaba una alternativa real de poder a la actual conducción.

En todo caso su carrera terminó al verse envuelto en un obscuro incidente. Un empresario inglés Neil Heywood murió, en noviembre de 2011, según un parte policial por intoxicación etílica y su cuerpo fue incinerado sin que se le practicara una autopsia. Más tarde, sin embargo, Wang Lijun, el jefe de la policía de Chongqing, declaró que Heywood fue envenenado por orden de la esposa de Bo, Gu Kailai. Ella fue juzgada y condenada a muerte pero su pena fue conmutada a una de prisión. Wang, a su vez, recibió 15 años de cárcel. Ahora falta por ver que sentencia aguarda a Bo que es acusado de abuso de poder y “recibir enormes coimas”.  Según fuentes oficiosas los sobornos fueron contundentes pues la familia de Bo figura con activos, en diversas sociedades,  por un monto de por lo menos 100 millones de dólares. Su salario oficial es de 20.000 dólares. Es natural deducir que semejante fortuna no fue  amasada en un período breve. Lo que abre la interrogante  de por qué el enriquecimiento ilícito no fue denunciado antes.

Los comunistas chinos han anunciado, luego de creciente agitación en las redes sociales, que los cuadros partidarios deberán declarar sus haberes y los de sus familiares. Ello terminaría con la práctica imperante que determina que  la vida privada y los negocios de la elite gobernante son tratados como un secreto de estado. Está por verse si la caída de Bo marca un cambio o solo es parte de la pugna por el poder.

 

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