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El debate sobre el mundo en que vive EE.UU.

October 23, 2012

Los aspirantes presidenciales cerraron el ciclo de tres debates televisados. El Presidente Barack Obama  fue, según los sondeos,  el vencedor del último round.  La mala noticia para el mandatario es que la mayoría de sus compatriotas no está interesada en un análisis, a lo largo de una hora y media,  sobre lo que ocurre en el mundo. El gran público, claro, quieren saber si han vencido o perdido las guerras en Irak y Afganistán. Viene al caso recordar a Ambrose Bierce, el escritor estadounidense que con su típico humor lacerante, señaló que: “La guerra es el método de Dios para enseñarle geografía a los norteamericanos”.  Pero el asunto tiene límites. Cuando el aspirante Mitt Romney  señaló que fundamentalistas islámicos han ocupado el norte de la república africana de  Mali el grueso de las audiencias quedó en blanco. En rigor lo mismo vale para el resto del mundo.

El dilema de un debate sobre temas internacionales es que los candidatos hablan, por supuesto, para sus votantes. Pero deben hacerlo con atención al impacto internacional de sus palabras.  Aunque resulte paradojal Obama asumió, en diversos temas,  posturas más duras que su contrincante republicano. Romney buscó zafarse de su imagen guerrerista y de halcón a cambio de un tono conciliatorio y centrista. Repitió que deseaba la paz, por encima de todo,  y en  particular  buscó aplacar los temores de los chinos. Subrayó que los consideraba socios y que aspiraba a  relaciones armónicas. Esto después de una campaña en que presentó a China como una amenaza para Estados Unidos.

En muchos puntos el Presidente y su rival coincidieron en la continuidad de las políticas vigentes. Ello ya representa una victoria para el actual gobernante.  El objetivo de Romney bien puede haber apuntado a ganar credibilidad antes que brillar por su originalidad, algo que estuvo notoriamente ausente. Uno de los errores conceptuales  del retador fue reclamar por el decreciente número de buques de la armada. Señaló que era partidario de expandir la US Navy. A lo cual Obama retrucó con ironía que en la Primera Guerra Mundial  el país contaba con más caballos y bayonetas. Así demolió el simplismo de definir el poder en términos numéricos. Lo que importa, desde una perspectiva estratégica, es para qué conflicto se prepara un país. Los números no son tan relevantes como el poder de cada unidad.  Y esto último fue subrayado  por el mandatario que buscó retratar a su adversario como un hombre del ayer  y desconectado del mundo  espetándole  a Romney: “Cuando habla de política exterior usted parece querer importar las políticas exteriores  de los años 80, al igual que las políticas sociales de los 50 y las económicas de los años 20”.  En definitiva,  los electores suelen juzgar a los candidatos más que por lo que dicen por la confianza que les inspiran.

 

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