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China: cambio de guardia

November 9, 2012

El Partido Comunista Chino (PCCh) presenta,  a su pueblo y el mundo,  el nuevo liderazgo que gobernará la década venidera.   Xi Jinping sucederá a Hu Jintao a la cabeza del partido y presidencia del país. En medio del estricto protocolo los más de dos mil 300  delegados leyeron, con aparente fruición, el discurso  de apertura pronunciado por Hu. Los contrapuntos fueron frecuentes: “Nunca trasplantaremos mecánicamente un modelo de sistema político de Occidente”;  pero al mismo tiempo señaló: “Debemos prestar mayor atención al perfeccionamiento del sistema democrático y al enriquecimiento de las formas de democracia para garantizar que el pueblo participa en las elecciones, la toma de decisiones, la administración y la supervisión de manera democrática y de acuerdo con la ley”. Cada cual puede sacar sus propias conclusiones. Para los comunistas  chinos el tema central no es satisfacer los requisitos electorales y de balance de poderes.  El objetivo es lograr la legitimidad que se obtiene mediante la satisfacción con el avance económico y el mejoramiento de las condiciones de vida del mayor número de personas. Conspira  contra la anhelada legitimidad la corrupción que ha quedado al descubierto con el defenestrado Bo Xilai y las denuncias contra el actual Primer Ministro Wen Jiabao,  a cuya familia extendida se le atribuye haber realizado negocios por  2,7 mil millones de dólares. También hay cuestionamientos por el meteórico enriquecimiento de numerosos miembros y parientes de dirigentes comunistas. Uno de ellos perdió el cargo luego que su hijo chocó un Ferrari que cuesta más que lo que ganarán en toda su vida cientos de campesinos.

El XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de China (PCCh), inaugurado el 8 de noviembre, en Beijing, abrió con el informe central de Hu, con el chispeante título: “Avanzar con toda firmeza por el camino del socialismo con características chinas y luchar por la consumación de la construcción integral de una sociedad modestamente acomodada en una forma generalizada”.

 

 

 

La jerarquía comunista  opta por un cauto optimismo pues sabe de los peligros de crear grandes expectativas. Ello pese a que expertos de la   Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) vaticinan que China tendrá mayor tamaño que el conjunto de las economías combinadas de la eurozona para fines de este año. Ya en el 2016, según el mismo estudio,  habrá superado a Estados Unidos. Pero, claro,  Beijing debe velar por la vida 1.354 millones de habitantes. De manera que en términos del per capita lo de “modestamente acomoda” es una estimación realista.

 

En el campo ideológico la jerga comunista es a veces oscura y seguramente muchos chinos ignoran a que aluden sus dirigentes cuando proclaman: “Enarbolar el gran estandarte del socialismo con características chinas, seguir la guía de la Teoría de Deng Xiaoping, el importante pensamiento de la Triple Representatividad y la Concepción Científica del Desarrollo”. Es tarea para la casa  desentrañar estas palabras de Hu. Una pista: la Triple Representatividad alude al pensamiento de Mao Zedong , la teoría de Deng, y, por supuesto a los autores originales del comunismo: Marx y Lenin. Una incógnita es como cuadrar ideas tan diversas como las expresadas por cada uno de ellos. Todo es una cuestión de dialéctica creativa.

 

 

 

 

 

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