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Palestina: de la entidad al Estado.

December 4, 2012

La Autoridad Nacional Palestina (ANP) logró un éxito diplomático al obtener  el estatus de observador permanente en Naciones Unidas. La legitimidad de la demanda palestina por convertirse en un Estado soberano quedó reflejada en la votación de las naciones del mundo: 138 a favor, 9 en contra  y 41 abstenciones.  Tanto Israel como Estados Unidos buscaron disuadir a Mahmud Abbas, el presidente de la ANP, a que renunciase al voto. Un Abbas muy debilitado frente al protagonismo de Hamas en la Franja de Gaza, zona que no visitó mientras sufría los bombardeos israelíes, no tenía otra opción que avanzar en el tortuoso camino para crear las bases políticas de un Estado.

La historia muestra que hay una gran diferencia entre un pueblo o una  minoría étnica sin estructuras estales y aquellos que han logrado constituir uno. Los palestinos hasta ahora, del punto de vista del derecho internacional, constituían una entidad. Ahora es un observador, aunque todavía  no es un  Estado Miembro. Es, con todo,   un paso adelante. Israel argumentó que nada cambiaría en  términos prácticos y que, para peor, dificultaría futuras negociaciones. Ello sin duda es así porque Israel no tiene voluntad de negociar la soberanía de un Estado palestino. Pese a todo teme al acceso de los palestinos, con su cuasi Estado, a la vasta maraña institucional de Naciones Unidas y, en especial a la Corte Penal Internacional. Los palestinos aún no tienen un voto en la Asamblea General pero les vendría bien tenerlo. Pues es una cuota de poder, pequeña sí, pero poder al fin. En la cultura asambleísta de la ONU, en la comunidad de los Estados, un voto es un voto. Ha ocurrido más de una vez que un pequeño Estado entraba un acuerdo internacional importante para hacer valer sus reivindicaciones.

En la cultura del ojo por ojo y el diente por diente que caracteriza el conflicto israelí palestino la respuesta no tardó. Israel anunció que construirá  asentamientos  de tres mil casas en un sector conocido como E1. Ban Ki-moon, el secretario general de la ONU,  señaló que semejante plan equivalía a un virtual tiro de gracia para la constitución de un Estado palestino viable. Los más estrechos aliados de Israel, Washington, Londres, París y Madrid han condenado la iniciativa. Israel decidió  cruzar una línea roja que podría no tener vuelta atrás. La construcción de los nuevos asentamientos congela en forma indefinida cualquier posibilidad retomar las negociaciones de paz con los palestinos. Esta parece ser, precisamente, la intención de Israel. Pero el tiempo no corre a favor de la paz. Conforme pasan los meses y años la situación se deteriora. También cambia la correlación de fuerzas en el conjunto del Medio Oriente de manera adversa para los israelíes. Ya hay tres generaciones de palestinos que han nacido y viven en condiciones precarias sin visos de un mejor futuro. Es una realidad que no se evapora y que  solo puede augurar nuevos conflictos.

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