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Niemeyer: arquitectura y lucha de clases.

December 6, 2012

“La arquitectura evoluciona en función de la técnica y los problemas sociales. El día que la sociedad sea más horizontal no habrán más palacios para los ricos”. Son las palabras de Oscar Niemeyer el célebre, y recién fallecido a los 104 años, arquitecto brasileño. El maestro del concreto y las curvas, como lo definieron algunos de sus colegas, buscó crear una sociedad más igualitaria por la vía del diseño urbano.
Niemeyer, como pocos, tuvo la oportunidad de llevar a la práctica sus ideas cuando fue invitado por el Presidente Juscelino Kubitschek a diseñar Brasilia, la nueva capital del Brasil. La fama vanguardista de Niemeyer ya provocaba inquietudes entre sectores conservadores. En uno de sus viajes a la proyectada capital el general Henrique Texeira Lott, ministro de Defensa, le planteó sus temores: “Dr Niemeyer, usted va proyectar construcciones bien clásicas para nosotros no?” A lo cual él replicó: “General, en la guerra usted prefiere un arma clásica o una moderna?”
Sobre el terreno en que se erigiría Brasilia Niemeyer escribió: “Cuando llegué allí, al fin del mundo, la tierra era agreste, hostil, no había árboles, no tenía nada”. Pero una vez que comenzaron las obras su ánimo mejoró: “Todos trabajábamos juntos, obreros, ingenieros, arquitectos, daba la sensación que el mundo sería mejor”. Con esa idea en mente Niemeyer, un militante comunista de toda la vida, diseñó las nuevas viviendas para reducir, hasta donde fuese posible, las diferencias sociales. Así los departamentos de los parlamentarios y altos funcionarios públicos fueron situados muy próximos y a veces en los mismos edificios que los de los choferes y el personal de servicio. La ilusión fue breve. A poco andar el valor de mercado de las propiedades, situadas en el corazón de la capital, forzó la salida de quienes no tenían los ingresos para conservarlas. Niemeyer constató con amargura el fin de su utopía: “Veo la muralla separando a pobres y ricos, Brasilia pasó a ser una ciudad como otras”.
En realidad Brasilia dista mucho de ser una ciudad como las otras. Hace poco tuve la oportunidad de visitarla y caminé por su famosa explanada, en la que a ambos lados se alinean los ministerios, para rematar con las sinuosas formas del parlamento. Es un paraíso arquitectónico donde nada, pero nada, interrumpe las limpias líneas proyectadas por Niemeyer. No hay un árbol que proteja del tórrido clima ni un banco donde descansar luego de recorrer las vastas distancias. En un gran monumento urbanístico pero no uno que haga justicia a la sentencia de Niemeyer: “La vida es más importante que la arquitectura”.

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