Home > vehículo aéreo no tripulado > La guerra de los drones

La guerra de los drones

January 2, 2013

Las guerras clásicas entre estados, con grandes formaciones militares enfrentadas en campos de batalla, es algo que caracterizó al siglo pasado.  Hay, sin embargo, ciertas constantes cualquiera sea la forma que asuman los conflictos bélicos. Cada bando buscará minimizar sus bajas y la incertidumbre que genera la niebla de la guerra. En los países democráticos las pérdidas humanas propias son un factor clave en la percepción pública  de la marcha de las campañas. De allí que políticos y generales se esfuercen por no exponer a las tropas a los riesgos que significa aventurarse en territorio hostil.

Estados Unidos, que es más sensible que los europeos frente a la muerte de sus soldados, ha buscado, desde Vietnam,  métodos de combate que le permitan operar en forma remota o fuera del alcance de sus enemigos. Para este propósito ha desarrollado un vasto arsenal donde destacan los misiles cruceros, aviones “stealth”  (invisibles al radar) y, por sobre todo, los vehículos aéreos no tripulados o drones. Estos nuevos sistemas de armamentos corresponden a los drásticos cambios en la naturaleza de los conflictos. Si bien  disminuyeron los choques entre estados soberanos aumentaron las insurgencias, así como la participación de organizaciones sin vínculos con estados como, por ejemplo, Al Qaeda.

El Presidente Barack Obama llegó a su primer período en la Casa Blanca con una promesa: terminar las guerras más largas de la historia de su país, la intervención en Irak y Afganistán. Hasta ahora va por buen camino para extraer al conjunto de sus fuerzas de ambos países. Ello pese a que la violencia domina amplias regiones de ambos países. En Washington llegaron a la conclusión que poco se conseguía exponiendo  a decenas de miles de efectivos en un conflicto de baja intensidad  que se arrastra por más de una década. Dicho sea de paso, se calcula que la permanencia de un soldado por un año tiene un costo de 1 millón de dólares.   En cambio en lo que hoy algunos llaman la Doctrina Obama se optó por potenciar ataques desde drones contra sospechosos de dirigir la lucha contra Estados Unidos.

Si bien las fuerzas armadas, en especial la fuerza aéra y el ejército, cuentan con sus flotas de drones, la batuta en la materia la tiene la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que ha desplegado sus vehículos no tripulados en la lucha contra las organizaciones yihadistas.  El combate a control remoto a través de los drones, que cargan una variedad de avanzadas cámaras, sensores y misiles, ahorra despachar soldados a lugares remotos  de alto riego. A cambio es necesario contar con información de precisión indiscutida sobre la ubicación de los blancos. Existe una lista llamada “del terror” que contiene los nombres de los líderes yihadistas cuyo asesinato está autorizado. Contar con inteligencia irrefutable proveniente de zonas con una cultura tan diferente como la afgana y paquistaní es un  desafío casi imposible. La información proviene de informantes motivados por el dinero o por sus respectivas agendas, leáse rivalidades locales. En consecuencia los errores, por lo general, no provienen de los operadores de los drones sino que los recolectores de inteligencia.

Los errores, bombardeos de comunidades inocentes o individuos que no figuraban en la “lista del terror”, han sido numerosos. Regiones enteras han sido aterrorizadas con el sobrevuelo de los drones que merodean durante días sobre ciertos parajes. En las zonas montañosas los aldeanos pueden escuchar los motores y, claro, no pueden saber cuándo se trata de un vuelo de reconocimiento o si en algunos instantes descargarán sus misiles.

La tecnología empleada en un conflicto juega un papel importante. Por el momento Washington está satisfecho porque lleva a cabo sus campañas con pocas bajas propias y con lo que considera pocas muertes de inocentes. En rigor la utilización de aviones tripulados no mejora para nada el cuadro. Pero  lo que define todas las guerras, a la larga, es la voluntad de la gente. Si los drones amedrentan a la población y  generan animosidad contra sus controladores ello hará mas populares a quienes se busca aislar. En el caso de Yemén estudiosos en el terreno han detectado un aumento de la convocatoria yihadista a causa de los ataques con drones. Lo cierto es que en cuestiones bélicas nunca ha existido una bala de plata.

Advertisements
%d bloggers like this: