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Venezuela y su Presidente ausente.

January 10, 2013

La salud del Presidente Hugo Chávez es un secreto de Estado. Esta es una norma no declarada pero aplicada en muchos países. La historia muestra que muchos gobiernos, incluso algunos que proclaman transparencia en la materia, ocultan al público la vulnerabilidad médica de sus mandatarios.
En el caso de Venezuela en que Chávez, ejerce la primera magistratura y debía asumir la continuidad por otros seis años a partir del 10 de enero, plantea un dilema complejo. Poco se sabe sobre la condición física del presidente. Pero cabe suponer que sus facultativos cubanos estaban al tanto de su precaria salud. Una campaña electoral presidencial requiere de un enorme despliegue de energías que afectan incluso a quienes gozan de un estado físico de primera. Dado que el primer mandatario ya se había sometido a tratamientos, contra el cáncer en Cuba, el momento de cuestionar su capacidad para ejercer el cargo fue antes las elecciones de octubre.
En mi visita a Venezuela para acompañar el proceso electoral hablé con numerosos opositores. Para mi sorpresa entre muchos de ellos predominaba la impresión que Chávez “explotaba” su enfermedad. Pensaban que no era tan seria y que se la utilizaba como un distractor para eludir los debates de fondo. Además servía para captar simpatías electorales. Ya se sabe que el oficialismo triunfó por un cómodo margen. Queda, claro, la enorme interrogante sobre cuál sería el resultado si el emblemático mandatario hubiese permitido que Nicolás Maduro, u otro de sus cercanos colaboradores, le reemplazara en la contienda electoral. La holgada victoria del oficialismo en las elecciones regionales, el 16 de diciembre, dio al chavismo 20 de las 23 gobernaciones disputa. Cada elección es diferente. Pero el comportamiento de los votantes, en los últimos 14 años, marca una clara preferencia por el proceso de cambios en curso antes que por las propuestas opositoras.
La forma urgente en que Chávez debió viajar a Cuba y su desaparición de la vista pública habla de la seriedad de su dolencia. Luchar contra un agresivo cáncer y gobernar un país son tareas incompatibles. El tiempo corre en contra del mandatario. Pudo salvar la valla que lo obligaba a asumir el 10 de enero, como lo establecía la constitución. Podrá, en caso de ser necesario, prorrogar su licencia médica por algunos meses dada la mayoría con que cuenta en la Asamblea Nacional. Pero así como aparece el panorama el desenlace más benigno podría ser el seguido por su anfitrión Fidel Castro. Dar un paso al costado y concentrarse en su recuperación. En definitiva la confusión entre asuntos de salud personal y la política es dañina para ambos campos.

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