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Empate político en Israel

January 23, 2013

Elecciones en un pequeño país, de apenas 7,5 millones de habitantes, no debiera concitar gran interés. Pero si se trata de Israel, situada en el corazón de los conflictos del Medio Oriente, si importa quién gobierna. Todo indica que el actual Primer Ministro Benjamín Netanyahu continuará al mando para cumplir un tercer mandato. Pero, para su sorpresa, el electorado disminuyó en forma sustantiva su margen de maniobra. De hecho los comicios muestran un empate, en el número de parlamentarios con 60 cada cual, entre las formaciones de derecha y religiosas frente a las de centroizquierda junto a las de los palestinos israelíes.
“Un Primer Ministro fuerte para una Israel fuerte” fue el eslogan electoral de Netanyahu. En lo que toca al primer ministro es claro que será más débil. Ello porque para formar una mayoría parlamentaria deberá articular una coalición más amplía y, por lo mismo, menos coherente en la que coexistirán visiones dispares. La idea de un gobernante fuerte no atrajo a un gran sector del electorado que está harto de conflictos. En particular temen que la postura agresiva de Netanyahu frente a Irán culmine en una guerra entre ambos países. El tema de Irán estuvo casi ausente de los debates a lo largo de la campaña.
Se suele decir que no hay tal cosa como la política exterior en las disputas electorales. Toda la atención está volcada a los temas domésticos y solo se discuten aspectos internacionales si inciden en los asuntos internos. Israel no fue la excepción. El interés del grueso del electorado se volcó a los clásicos problemas habitacionales, de salud y educación. Ello explica los buenos resultados de los partidos de centro e izquierda que postergaron su agenda pacifista a cambio de recoger las demandas cotidianas de la población.
En lo que toca a los palestinos los resultados de las elecciones no les dan pie para mayor optimismo. Es probable que el nuevo gobierno modere la expansión de los asentamientos. De no ser así ya no habrá territorio suficiente para la creación de un Estado palestino viable que respete la reivindicación de una parte de Jerusalén como capital. Así quedaría sepultada la idea de la coexistencia israelo-palestino sobre la base de dos estados independientes. A lo largo de su gestión de gobierno Netanyahu ha creado condiciones adversas para negociaciones de paz conducentes a un acuerdo con los palestinos. Ahora es probable que deba pactar con partidos que exigen la vuelta a la mesa negociadora. Además deberá enfrentar a un Barack Obama mas asertivo en sus iniciativas por resolver un conflicto que se arrastra por más de medio siglo. El nuevo gobierno israelí deberá destinar más recursos para resolver las demandas sociales de su población que onerosas campañas bélicas.

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