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La CIA y los asesinatos señalados

February 8, 2013

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

El nombramiento del nuevo jefe de la CIA ha desatado un debate abierto sobre los asesinatos señalados (targeted assassinations). John O. Brennan el hombre nominado para dirigirla lleva 25 años en diversas funciones en el seno de la Agencia. Como el resto de los agentes sabe bien de las torturas practicadas en forma generalizada durante el período del Presidente George W. Bush. En particular las técnicas de sofocación (waterboarding) que Brennan, en su comparecencia ante el Senado, se abstuvo de admitir que eran una tortura pero dijo que eran criticables y “algo que no se debió hacer”.
Brennan en su condición de asesor en materia de contraterrorismo del Presidente Barack Obama, en el curso de los últimos 4 años, es señalado como el arquitecto de la táctica de asesinatos señalados. El instrumento de preferencia para la ejecución de los ataques selectivos son los aviones no tripulados o drones.
Los ataques con drones se han multiplicado y ya superan las 400 incursiones contra blancos en Afganistán, Pakistán, Somalia y Yemen. Según algunas estimaciones han causado más de tres mil muertos. Algunos de ellos eran civiles inocentes de países soberanos con los cuales Estados Unidos no está siquiera en conflicto. El caso más notorio es el de Anwar al-Awlaki, un ciudadano estadounidense asesinado en 2011 en Yemen. Se le acusó de ser un propagandista de Al Qaeda y fue calificado como un “peligro inminente”. Ya en Naciones Unidas se analiza la legalidad de acciones que asesinan a personas que no han sido sometidas a un debido proceso. Pero además de las dudas sobre quién hace las lista de la muerte, de las víctimas inocentes productos de errores en los bombardeos hay preocupación por el vuelo de los los drones sobre vastas regiones.
Medea Benjamin, de la organización Codepink apunta que “no son solo las matanzas, es aterrorizar a poblaciones enteras, que escuchan el zumbido de los drones las 24 horas sobre sus cabezas. Ya tienen miedo de ir al colegio, miedo de ir a los mercados, a funerales o bodas”. Los opositores al empleo de drones y los asesinatos señalados dicen que constituye una política ilegal, inmoral e inhumana que provoca gran animosidad y que ello sirve, precisamente, a los enemigos que Estados Unidos combate.
Los partidarios del empleo de los drones dicen, por su parte, que es el arma perfecta para el nuevo tipo de conflictos que algunos llaman guerras de cuarta generación (G4G). Definida como una guerra sin frentes ni campos de batalla fijos. Antes que enfrentar a las fuerzas armadas regulares del Estado, la G4G cabría llamarla una guerra fantasma, librada en la dimensión gris donde converge el fin de la política y comienza el conflicto bélico. A diferencia de la guerra convencional, en que se busca el ataque frontal, aquí se libra un juego de sombras que busca aislar y desgastar al adversario.

Las críticas al empleo de los drones y los asesinatos señalados crecen. En la opinión de la senadora demócrata Dianne Feinstein “Yo creo que esto ha llegado tan lejos como podía como parte de una actividad encubierta”. Aquellos que se han autodesignado como la vara de la moralidad, con la cual ha de ser juzgado el resto del mundo, deberían predicar con el ejemplo.

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