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Venezuela: del chavismo al madurismo

April 15, 2013

Nicolás Maduro, el delfín de Hugo Chávez, se terciará la banda presidencial. De Presidente encargado pasará, el 19 de abril, a completar el sexenio que la muerte privó a su mentor. La victoria electoral del chavismo sorprendió por su escaso margen. En octubre de 2012 el propio Chávez ganó con una diferencia superior al diez por ciento. Esta vez fue un magro 1,59 por ciento. El chavismo todavía es mayoría absoluta pero es evidente que el “madurismo” no ha despuntado. En rigor es probable que incluso Chávez hubiese enfrentado una baja en la votación. El electorado venezolano, como el de todo el mundo, es muy sensible a las estrecheces económicas. Caracas viene de devaluar su moneda, el bolívar, en un tercio de su valor frente al dólar. En un país altamente dependiente de importaciones alimenticias e industriales el impacto de la medida alcanza a toda la población.
En cuanto a los resultados el Consejo Nacional Electoral (CNE) proclamó vencedor “de manera irreversible” a Maduro. La diferencia entre ambos contendores, aunque estrecha, es sustantiva. Henrique Capriles se ha negado a admitir su derrota alegando que tiene “resultados distintos” a los presentados por el CNE. Su impugnación se basaría en denuncias de unas 3.200 irregularidades. En consecuencia declaró “queremos que se cuente voto por voto”. Pero aún si ello si hiciese, lo cual es improbable, no revertiría la ventaja de más 234 mil votos de su contrincante. Que su conteo sea distinto al del CNE no cambia el hecho que perdió. Capriles no ha dicho que ganó y le han escamoteado la victoria. En consecuencia lo que corresponde, de acuerdo a los protocolos de toda democracia, es reconocer la derrota. Al no hacerlo sienta un precedente que fragiliza el sistema político democrático del cual él se dice un defensor de primera línea.
Chávez inició hace catorce años un proceso económico y social rupturista. El “socialismo del siglo XXI”, como denominaba su proceso para diferenciarlo de los “socialismos reales” del siglo pasado, provocó enormes resistencias en los sectores que ejercían el poder hasta entonces. En cuanto al sexenio venidero Maduro intentará aplicar el “Plan de la Patria” que estaba previsto para la frustrada presidencia de Chávez. En él se propone al “socialismo bolivariano” como una alternativa al “capitalismo salvaje”. Aspira asimismo a convertir a Venezuela en una potencia en América Latina y contribuir a una creciente autonomía de la región para lograr un mundo pluripolar.
En el plano político tanto para le oficialismo como para la oposición el mayor desafío es mantener la unidad entre sus filas. Ambos conglomerados son heterogéneos y enfrentarán disyuntivas complejas que pondrán a prueba su temple bajo extrema tensión. En lo inmediato la oposición debe procesar una nueva derrota. El oficialismo, en tanto, debe encarar su patente pérdida de popularidad. A mediano plazo la economía y la seguridad ciudadana serán factores decisivos en la percepción popular del protagonismo de los bloques en pugna.

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