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Guatemala: genocida enfrenta verdad histórica.

May 13, 2013

Efraín Ríos Montt fue condenado a 80 años de presidio. El ex dictador gobernó Guatemala entre 1982 y 1983. La pena considera de 50 años de cárcel por genocidio y 30 años por crímenes contra la humanidad, Por su jerarquía de mando se lo responsabilizó de la matanza de 1.771 indígenas ixil, en 15 masacres ejecutadas en comunidades del departamento de El Quiché..
Un golpe de estado incruento, ejecutado por la joven oficialidad del ejército, puso a Ríos Montt a la cabeza de un régimen dictatorial. En marzo de 1982 los golpistas proclamaron que buscaban el respeto a los derechos humanos y acabar con la corrupción. Los hechos posteriores permitieron descodificar las intenciones castrenses. La alusión a los derechos humanos era una crítica a los escuadrones de la muerte de extrema derecha que mataban a su antojo y dañaban la imagen del país. Ríos Montt advirtió de entrada a las organizaciones guerrillas que les “vamos a quitar las armas sea como sea”. En julio de 1982 las fuerzas armadas lanzaron una gran ofensiva en el marco del estado de sitio que Ríos Montt justificó con las siguientes palabras: “Para matar dentro de la ley”. Dicho y hecho, en apenas un par de meses fueron asesinadas más dos mil personas. La campaña castrense denominada “Victoria 82” dejó un saldo de 15 mil muertos a manos de los operativos militares y paramilitares. La cifra exacta de víctimas está sepultada en cientos de fosas comunes a lo largo del país.
La ferocidad y crueldad de los operativos militares sobresalen en una región reputada por los niveles de violencia. Un caso es el ocurrido el 22 de diciembre de 1982 en que todos los hombres de la aldea de Chiul, en el departamento de El Quiché, fueron forzados por tropas del ejército a marchar a la vecina aldea de Parraxut. Allí se les ordenó separar a los hombres de las mujeres y encerrar a los niños en la escuela local, luego se les obligó a disparar contra los hombres y los que se negaron a hacerlo fueron fusilados en el acto por los soldados. Más tarde fueron ejecutadas todas las mujeres que se resistieron a ser violadas. Al día siguiente fueron, de todas formas, asesinadas las sobrevivientes. Los niños escaparon con vida. Todos los adultos de Parraxut, unas 350 personas, fueron ultimadas por los forzados vecinos de Chiul. El método empleado serviría mas tarde para proclamar que el ejército no había agredido a los moradores de Parraxut.
Las tácticas de terrorismo de estado, con el empleo de organizaciones paramilitares, que en muchos casos estaban integradas por militares y policías que operaban en las noches bajo la protección del estado de sitio, se convirtió un modelo para otros países, incluidos los del Cono Sur. Guatemala fue la escuela de contrainsurgencia en que Estados Unidos y diversos regímenes militares experimentaron una estrategia que sería aplicada más tarde. Ella consistió en trazar una línea de terror entre la población y las organizaciones insurgentes. Todo sospechoso de ser “un tonto útil” de la guerrilla o la subversión quedaba expuesto a una muerte atroz. Las ejecuciones sumarias a menudo iban precedidas de torturas. Para que la población, en su conjunto, recibiera el mensaje de no cruzar “la línea roja” las víctimas eran abandonadas en lugares públicos. Una de las prácticas comunes era capar a las víctimas y dejar los testículos en su boca. Fue la cuna de lo que más tarde aptamente fueron llamadas las “guerras sucias”, así denominadas porque no conocieron ni Dios ni ley.
La condena tardía de Ríos Montt es un reconocimiento a los millares de víctimas de su tiranía. En todo caso sus abogados han adelantado que apelarán. Pero el solo hecho de ventilar las atrocidades cometidas ya tiene un efecto sanatorio. Es lo que se ha dado en llamar el proceso de establecer la “verdad histórica”.

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