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Argentina: muere el rey de la “guerra sucia”

May 17, 2013

La muerte del ex dictador argentino Jorge Rafael Videla cierra un ciclo. El general que gobernó el país (1976-1981) dejó un legado de horror que lo sitúa en forma prominente en la galería del crimen político. Una de sus víctimas Estala de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo y madre de una desaparecida y abuela de un nieto robado por el régimen, declaró que “un ser despreciable dejó este mundo” y agregó que “este hombre malo nunca se arrepintió y reivindicó todos sus delitos”. En efecto, Videla aludiendo al robo y ocultación de menores de padres secuestrados declaró en el juicio que le siguió: “Aquellas parturientas usaban a sus hijos embrionarios como escudos”.
A lo largo de la dictadura militar (1976-1983) se estima que fueron asesinadas treinta mil personas a manos de las fuerzas armadas, la policía y los llamados escuadrones de la muerte. Videla concedió, tras las rejas, una entrevista en la admitió que bajo sus órdenes se mató “a 7000 u 8000 personas” y que los cuerpos se hicieron desaparecer “para no provocar protestas dentro y fuera del país, sobre la marcha se llegó a la decisión de que esa gente desapareciera”, y añadió, para no dejar lugar a dudas, que “cada desaparición puede ser entendida, ciertamente, como el enmascaramiento de una muerte”. A modo de justificación añadió: “No había otra solución. Estábamos de acuerdo en que era el precio a pagar para ganar la guerra contra la subversión y necesitábamos que no fuera evidente para que la sociedad no se diera cuenta”. El régimen nazi en Alemania evitó hablar de la exterminación física de las minorías que consideraba indeseables. En cambio utilizó el eufemismo de “solución final”. De la misma manera los militares argentinos emplearon el término de “disposición final”, que según explicó Videla proviene del ámbito logístico militar y se refiere a un elemento que perdió su vida útil.
Hasta sus últimos días Videla mantuvo su visión golpista y antidemocrática. En marzo de este año llamó a los militares a enfrentar a “la presidente Cristina y sus secuaces”. Porque de no hacerlo y “de perpetuarse el gobierno actual en el poder serán nuevamente las Fuerzas Armadas y de Seguridad junto al pueblo del cual provienen”, quienes lo “impedirán por imperio de lo normado en la Constitución Argentina”. En una ocasión, durante su régimen, aludió a Nestor y Cristina Kirchner como “simples panfleteros lo que a mi juicio, generó en ellos un complejo del que buscaron desprenderse cuando fueron gobierno, alentando la guerra por medios no violentos, tal como propone Gramsci”. En la misma vena declaró sobre el presente político del país. “La Argentina soporta hoy una nueva guerra sin hacer uso de la violencia física, tomando a las instituciones como rehenes y desacreditando los principios y valores que les dieron origen y razón de ser”,
En el campo económico los militares argentinos buscaron aplicar una política neoliberal. Pero en los hechos las instituciones castrenses pasaron a constituir un enclave de enorme gravitación sobre el conjunto de las actividades del país. Ello a tal punto que “Fabricaciones Militares” el formidable complejo industrial-militar llegó a ser el principal conglomerado industrial de la nación. En definitiva la participación de las fuerzas armadas en el área empresarial fue desastrosa tanto para la economía como para el rendimiento netamente militar. Algo que quedó ampliamente demostrado, en 1982, cuando el general Leopoldo Galtieri despachó sus tropas para desalojar a los británicos de las islas australes.
En lo que toca a Chile, el no reconocimiento argentino de un laudo arbitral que concedía a Chile tres islas y su proyección marítima, en el Canal de Beagle, llevó a una crisis entre ambos países en 1978. Existe un debate si Argentina realmente se aprestaba para la guerra o fue un mero y bien montado apronte que llevó a Chile a ceder sus derechos sobre aguas territoriales, renunciando a una salida soberana al Atlántico.
Con la muerte de Videla, en todo caso, desaparece uno de los personajes que encarnó las llamadas “guerras sucias”, aquellas en los militares no respetaron ni Dios ni ley.

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